Elara Vance Los días posteriores al veredicto habían sido de paz absoluta, el bálsamo perfecto para las heridas de la guerra legal Lía estaba segura, y nuestra familia, inquebrantable. Alexander, sin embargo, había guardado un misterio inusual, el viernes por la noche, me pidió que me vendara los ojos y me vistió con un vestido de seda. —Confía en mí, mi amor, esta noche celebramos el verdadero veredicto: el de nuestros corazones.—Me guio con su mano firme noté la diferencia en el aire; era fresco y ligeramente ventoso y el sonido de la ciudad era más distante. Ascendimos en ascensor y luego caminamos sobre una superficie de piedra. Al retirar la venda, el aliento se me cortó. No estábamos en el penthouse, sino en la cima de un lujoso mirador privado en el corazón de la ciu

