CAPÍTULO OCHO La joyería estaba ubicada en una pequeña y sinuosa carretera a poca distancia del puerto. Emily era una bola de nervios mientras ella y Daniel caminaban de la mano a lo largo de la acera. Los caminos familiares parecían repentinamente nuevos para Emily, como si todo estuviera cambiando ante sus propios ojos. Emily y Daniel se detuvieron en los grandes ventanales de la tienda para que Emily pudiera ver los anillos que se exhibían. Una cálida luz provenía del interior de la tienda, pequeña pero luminosa y acogedora, con pisos de madera y una alfombra roja desgastada. Se parecía más a la sala de estar de alguien que a una tienda, lo que hacía que Emily se sintiera un poco más relajada. La campana sobre la puerta sonó cuando la abrieron. Daniel entró, aparentemente mucho más t

