Miro por el ventanal, el horizonte del paisaje se torna nublado, para mí las nubes son el mal humor, el cielo azul es la alegría, pero siempre hay algo que te tiene que cambiar el humor. Exactamente como a mí me pasa cada vez que llego a la dichosa empresa para la que trabajo. Observo con detenimiento la estancia que cada vez se me hace menos familiar. En el ventanal se puede ver de todo, el atardecer, las personas caminando y las parejas abrazándose, son tan felices todos, bueno algunos, porque yo no soy feliz.
—Me tengo que ir, cancele todas mis reuniones y todo lo que tenía planeado para hoy, y también lo de toda la semana. —Vaya, vaya. Este tonto al fin se va de vacaciones.
—Claro, señor. No hay problema, yo me encargo.—Apresuradamente saco mi agenda donde tengo todos los eventos importantes de la semana.
—Muchas gracias, cuando termine se puede ir a su casa—Con razón llueve en primavera, me dijo gracias. Nunca lo hace, es más, solo me ordena de mala gana.—Y también avisé a todo el personal, que no se trabajará hasta el lunes de la semana que viene—Milagro divino, vacaciones.
—Sí. —Se marcha y mi teléfono suena.
—Buenas tardes, lo atiende Kelly Parker, ¿En qué puedo servirle? —Hablo lo más cortes.
—Hija, ¿Ya te enteraste? ¿Cómo está él?—Es mi papá.
—¿Qué pasó? —Pregunto angustiada.
—El señor Freeman ha fallecido, mi buen amigo Richard.—Se lamenta mi padre.
—Con razón su hijo salió disparado y dio toda la semana de descanso a toda la empresa. —Digo.
—Hija, tenemos que ir a acompañarlo, su hijo es un buen muchacho, ya hora está únicamente.—Si es cierto, ahora está solo el pobre.
—Si papá, únicamente deja que arregle unos asuntos que me ha encargado y paso por ti.
Cuando paso por mi papá este pide que pasemos por flores, él va de traje n***o y yo únicamente pase por mi departamento a cambiarme la blusa que llevaba dejándome la falda negra. Mamá no quiso venir, ya que no se llevaba mucho con el difunto ni con su hijo. Vamos al cementerio donde ya lo están sepultando. Mi papá abraza a Barry Freeman. Ese chico rubio, con unos bonitos ojos verdes y sus pestañas largas, está quebrado por la muerte de su padre. Se ha quedado solo.
—Mi papá estaba enfermo, por eso se empeñó en que trabajara con él, que le quedara a cargo de la empresa. Nunca me lo dijo—Lloriquea Barry.
—Hijo... calmate—Pide mi papá.
—No puedo...no me pude despedir de él. Mi mamá me abandonó y ahora el igual...—Me da pena el pobre, aunque haya sido un maldito conmigo.
—Señor Freeman—Lo llamo, él alza la mirada y la posa sobre mí.—¿Necesita algo?—Digo lo más suave que puedo.
—Nada, gracias, Kelly.—¡me está diciendo gracias! Le sonrió a modo de repuesta.
3 Semanas después...
Veo a mi jefe, está recostado sobre su asiento n***o de cuero. Me mira y al fin prueba el café que le he traído. Todas estas semanas se ha portado como humano conmigo. Siempre que me pide algo, me lo pide con un «Por favor» y un «Gracias» sabe que esto me sorprende y más lo hace, ¿Que se trae en tres manos?
—Si no quiere nada más, me retiro. Tengo trabajo.—Camino decidida hacia la puerta.
—Espere, señorita Parker.—me detiene y me vuelvo hacia él. De tras de él puedo ver el atardecer tras el ventanal.
—¿Si?—Digo con voz ronca.
—Necesito su ayuda—Admite.
Lo miro y hago un gesto de aprobación para que me diga lo que me quiere pedir.
—Se ha leído el testamento —Confiesa temeroso, ¿y a este que le pasa? —En él estípula que yo, para recibir el total control de la empresa, debo de estar casado y tener un hijo, así recibiría el cien por ciento de todo lo que mi papá tiene que ser casi el ochentaicincoavo por ciento de lo que mi papá es dueño. Y sí solo tengo un hijo fuera del matrimonio, recibiría el sesenta por ciento.—No entiendo que dice.
—¿Quiere que le consiga un bebé? ¿O qué?—Pregunto sarcástica.
—No, quiero que tú seas mi esposa y seas la madre de mi hijo.—Dice de repente.
¡Pero qué diablos!