—Bueno, en ese caso... Nos tenemos que poner a trabajar para obtener ese positivo. —Me dice levantando la mirada para observarme.
—Está bien —consigo decir. Aún no me puedo borrar de la mente, la manera en que sus manos me recorrían el cuerpo, sus besos y sus caricias.—nos vemos luego —salgo de su despacho para hacer mi trabajo.
Papá me llama en el transcurso de la tarde, y me dice que ya ha hecho difundir mi compromiso. También me pregunta de como van los preparativos de la boda. Él piensa que esto ya está más que planeado, pero la verdad es que no. Me lo quito diciéndole que una organizadora es la encargada de todo y que aún no me ha avisado nada.
—¿Nos vamos?—oigo que Barry pregunta.
—Oh sí, solo hago cierto esto y esto —cierro unos documentos en mi ordenador y digo: —Listo, ahora sí, vámonos.
Los dos salimos juntos del edificio y nos subimos a su automóvil, que por cierto es el Jeep.
—¿A tu casa o a la mía? —me pregunta.
—A... la tuya—digo avergonzada. Si me pagaran por ser tímida, en verdad sería millonaria…
—Muy bien—afirma y con destreza sale del estacionamiento. La verdad tengo un poco de pereza, me está entrando sueño, y no voy a dormir porque la noche será movida y eso me queda muy claro.
Todos los días tendremos relaciones sexuales hasta que quede embarazada, y estoy segura de que esto puede suceder dentro de una semana. La verdad es que no logro entender por qué no elegimos la fecundación in vitro y otro método.
—Kelly, necesitas decirle a tus padres que no será una boda típica, solo por el registro civil, y ya.—Me comenta, yo pensaba que iba a ser por la iglesia también, que fraude, me voy a casar a medias.
—Los decepcionará, pero les diré, —Ni modo, Kelly, sigue participando.— Tengo una pregunta.
—Dime— responde.
—¿No crees que hubiera sido una buena idea la fecundación artificial?— Barry me mira confundido.
—Claro que era más fácil, entiendo que se te haga tan difícil acostarte conmigo, pero me temo que si el abogado de mi padre se enterará de que alquilé un vientre sería una falta al testamento, por lo cual me quedaría sin nada automáticamente.
—Entiendo, no me cuesta nada, únicamente era una pregunta.
—Bien, espero que la respuesta te haya dejado satisfecha y sin dudas— nos quedamos en silencio un buen rato hasta que llegamos a su casa —¿Quieres cenar antes? —pregunta cuando se estaciona en su cochera enorme, echo un vistazo rápido, tiene una colección de motos y dos autos lujosos.
—Sí, no hay problema.
—Por aquí—me indica, aún me sigo sintiendo pérdida estando aquí, y eso hace preguntarme por qué estoy haciendo esto.
La cena -como siempre- está deliciosa. El vino me embriago, mi poca resistencia al alcohol no se hizo esperar, ahora estoy un poco mareadita y con ganas de sexo. Me río de mí misma, ¿Pero desde cuándo eres así, Kelly? Tomo lo que me resta de mi copa y digo:
—¿Cuándo va a empezar la acción?
—¿Qué?—se atraganta Barry.
—Lo que oyes, creo que fue el vino, muy buena táctica, Freeman. Así relajamos las cosas.—pronuncio con un toque cariñoso y perverso.
—Vaya, no creí que con un poco de vino te comportarías así, si lo hubiera sabido antes, ayer te hubiera comprado dos botellas de vino para ti solita—se burla.
—Sabes algo, hay algo en ti que me intriga y quiero, en verdad, quiero saber el porqué de todo esto.
—Porque eres la única persona a la que no le gusto y que me odia. Así las cosas serán más fáciles
—Si, te odio y mucho. —me río.
***
Despierto con un dolor de cabeza insoportable y también con dolor de cuerpo, las posiciones que adoptamos ayer por la noche me lastimaron un poco, pero juro que lo disfruté, más que el domingo definitivamente, puede que sea porque fue mi primera vez y en serio dolió. Recuerdo que uno de mis amigos me mostró una página pornográfica, mi curiosidad hizo que entrara a navegar, quedé impactada, pensaba que todo lo que hacían era imposible y ahora yo estoy experimentando todo eso. Me río al recordar las cosas que mis amigas decían en la secundaria, aseguraban que al perder tu virginidad te empezabas a desarrollar, nunca les creí porque soy de esas personas que no creen en esos mitos si no en algo concreto.
—Kelly, ya es tarde, toma una ducha y vístete.—Barry sale del baño, con su traje gris y sin corbata. Que sexi se ve. Lo único que tengo con él es un trato y una pequeña atracción física.
—No quiero levantarme, pero en un minuto estaré lista —respondo recomponiéndome de la cama.
—Kelly—me llama, lo volteo a ver y dice —Anoche, ¿lo disfrutaste?—su pregunta me sorprende, él podía escuchar mis gemidos y ver las caras que hacía, por dios.
—Sí —contesto.
De nuevo somos el centro de atención de la empresa. Dos días seguidos entrando junto al jefe al mismo tiempo. Durante el camino, Barry y yo hemos hablado sobre la boda. El domingo, sin excusas, habrá boda. Hoy, los dos nos tomaremos el día para organizar la boda¡qué nervios!
—Veré si puedo llamar a una organizadora. —los dos entramos en el ascensor para llegar a la última planta desde donde el amado jefe domina a medio mundo.
—Tengo que arreglar unos pendientes —le comento.
—Yo igual, dame dos horas y nos vamos, ¿te parece? —pregunta.
—Claro. —entra en su despacho y yo me siento en mi escritorio.
Hago unas llamadas, cancelo unas reuniones y por último, hago una mini lista de invitados. Desde empresarios importantes para Barry y mis familiares.
Mi teléfono suena y es Barry.
—¿Si?—respondo.
—Agrega al señor y señora Walker—me dice.
—Sí —obedezco. Mi móvil vibra y yo cuelgo el teléfono. Miro el nombre que aparece en mi móvil, «Elke» la veterinaria de Pinky, mi perrita.
—Hola—Saludo.
—Kelly, buenas noticias, Pinky está bien. Ya es hora de que vengas por ella, está triste, no la has venido a visitar, así que le doy el alta.—me avisa emocionada.
—Enhorabuena —mascullo feliz.
—Ha sido una buena chica.—mi sonrisa se agranda.
—Paso por ella por eso de las ocho, dile que la quiero, —me despido y cuelgo.
¡Soy una bruta, ni me acordaba de mi Pinky!
—Vámonos —Barry sale de su despacho y camina hacia el ascensor.
—Mmm antes de las ocho, debo de ir a la veterinaria por mi perrita, Pinky. —le comento, él me mira horrorizado.
—¿Te gustan los perros? —dice frunciendo el ceño.
—Claro, a quien no.—digo con una sonrisa, soy una desalmada, ¿cómo pude olvidarla?
—A mí, no. Tengo una mala experiencia con ellos, y en verdad no me gustan.—me entra la risa, piensa que Pinky se le va a lanzar y lo va a matar.
—Tranquilo que ella es inofensiva y es muy amigable. —pensar en mi pequeñita me llena el alma, aunque no me quito de la mente que la abandone.
—No me gustan a sí que no pienso conocerla, no.—Dice obviando lo que le he dicho.
—Pues si quieres un hijo mío, tienes que aceptar el paquete completo, Pinky y yo. JUNTAS o NADA—no voy a abandonar por ahí a Pinky. Antes de que él conteste, me adelanto y digo: —Tú tienes condiciones, entonces es justo que yo también las tenga.
—No quiero perros en mi casa.—se niega, y dispuesta a ganar la batalla digo:
—Pues te aguantas, mi pequeña está primero que todo.
Una vez que el ascensor llega al parking damos como terminada la charla. Es mejor que no discutamos. Entramos en el Jeep y nos dirigimos a unas calles llenas de locales con la temática de boda y banquetes.
—¿Cuántos invitados serán? —pregunta.
—95, no hemos invitado a nadie de tus familiares. —comento deseosa de obtener información.
—No, mi mamá no está invitada. —sisea.—y no tengo más familia.
—Está bien, entonces.
—Quedé con una organizadora, ella se encargará de todo, me sorprendió saber que acepto el trabajo.—Explica.
Una hora después, Cristina me está preguntando por los detalles que quiero en los manteles y servilletas de la mesa. Cómo soy fanática de los colores obscuros, decido que los manteles sean blancos con unos más chicos de color vino y ella nos ha llevado a ver unos del color que quiero y en verdad me gusta la combinación. Ella sugiere que sean otros colores cómo vino y plateado o color marfil, me decido por la segunda opción. No quiero que sean mentales largos sino cortos, ya que tengo en mente una boda en el jardín de la casa de Barry. Las sillas simples y de madera. Ella me hace infinidades de preguntas y yo, sin ayuda de Barry, las contesto...
A las ocho, veo salir a Elle con Pinky en los brazos. Barry sonríe a ver a mi pequeña, vamos a ver, él pensó que Pinky era un perro gigante. Ella cabe en una mano suya, lo apuesto.
—¿La quieres cargar?—le ofrezco.
—Sí, es una ternura —dice mirándola—está cosita, no me hará nada, verdad.—mira a Pinky y dice:—Vámonos, ¿te llevo a tu casa?