BARRY
La noche anterior Kelly se comportó un poco ausente como si algo le molestara o le faltara. Me puse a repasar todo, desde los detalles hasta lo que pasaría después y lo tuve claro, creo que a ella le hubiera gustado casarse por la iglesia y tener Luna de Miel cómo en las películas románticas. Para decir verdad nuestra boda será normal, que falte el lado religioso, no me molesta en nada, veamos, habrá recepción para los invitados, su vestido blanco y todas esas cosas. Pero siento que algo que falta: el anillo de compromiso.
Me levanto de la cama dispuesto a ir a una joyería, cosa que por supuesto hago, pido que me muestren anillos de todos los tipos, desde los extravagantes hasta los más sencillos, mierda, no sé la medida del dedo de Kelly, repaso en mi mente como es que se siente su mano, tiene una mano pequeña, pero delgada, probaré suerte con algunos.
La señorita trae unos "especiales" de poca demanda por su precio, pero únicos en todo el mundo, están demasiados lindos, hay uno que a primera vista me llama la atención y a pesar de que no sé muy bien los gusto de Kelly sé que le gustará y se le verá perfecto, encajará perfecto con ella. Salgo del lugar feliz por mi compra y le dirijo directamente a la empresa donde ahora mismo mi futura esposa debe de estar comenzando su jornada laboral.
Al entrar en el edificio, siento todas las miradas de los trabajadores en mí, mucho más de lo común, seguro que es porque hoy no estoy acompañado de Kelly. Las mujeres me miran, y unas cuantas cuchichean. Parece que traigo un cartel que dice: mírame preciosa, y te subiré el sueldo.
Enfadado porque todas esas locas me miran entro en el elevador, cuando llego a mi piso entro a mi despacho y tomo mi sitio en mi flamante escritorio, hay algo extraño. Kelly no está en su lugar, recuerdo que me dijo que hoy faltaría, necesitaba arreglar unos detalles de la boda. Mierda, bueno, lo del anillo esperará.
Mi móvil suena. En la pantalla pone: Mariana "Mamá". Rápidamente cuelgo la llamada. No quiero hablar con ella.
Sin poder evitarlo me pongo a pensar y a recordar los malos momentos que me ha hecho pasar. Esta época del año, junio. Este mes nunca le ha gustado, recuerdo cuando era niño, de vez en cuando mis padres discutían demasiado, excesivamente. Me daba mucho miedo sus peleas, en ese tiempo vivíamos en una casa con un jardín enorme y con muchos árboles, cuando ellos discutían, yo salía corriendo hacia los árboles. Me escondía hasta que mi padre venía por mí y me pedía perdón por lo que escuchaba. Yo iba al colegio, y me sentía alejado de todo, aunque tuviera amigos, era un niño apartado. Mi mamá se hartó de todo y se fue. Dejándonos a los dos, fue mi peor mes, lo odié, y odié a mi mamá por dejarme. Mi papá me dio mucho cariño, pero eso no bastaba para mí, quería una madre. Mi papá se reunía con la familia de uno de sus amigos y a veces dejaba con la abuela paterna, la amaba, ella no era mi mamá, pero la quería cómo una. Cuando cumplí doce años, poco después del mes, mi abuela murió. Ella también me dejó, pero a ella no la odiaba, a ella la necesitaba y la amaba. Ella me decía que cuando fuera más grande tenía que formar una linda familia y querer a mi esposa. Pero como son las cosas, yo no quiero a mi comprometida ni ella a mí. Solo es un trato. El matrimonio es únicamente un favor de parte de Kelly.
Mi móvil vibra, esta vez es un masaje de texto:
*Hijo, que bueno que eres la comidilla de la prensa, tan famoso como tu padre,* el mensaje me descoloca, ¿de qué diablos habla?
*¿Qué pasa? ¿Por qué dices eso, Mariana?* Le contesto.
*Ay hijo, tan retrasado como siempre. ¿No has visto la nota en la revista de chismes? Estoy llegando a la empresa para hablar contigo*
15 minutos después, Mariana aparece.
—Hijo —me saluda con una sonrisa forzada.
—Mariana—digo secamente.
—Mira esto. — ella me entrega una revista.— en la página marcada, hijo.
Miro la nota:
¡Hijo del difunto empresario Richard Freeman ha decidido casarse!
El día de ayer, captamos a la pareja en las más lindas y costosas tiendas para boda. No tenemos información aún, pero tenemos unas cuantas fotografías.
—¿Y?— Dice Mariana.
—Dímelo tú. Mariana, ¿a qué has venido? —siseo.
—Ya me enteré de lo del testamento, cuéntame¿es por eso que te casas? Si es así, que mala suerte tienes, hijo. Yo me casé con tu padre por dos cosas, por ti y por el dinero. —La miro y ella sigue: —Yo no tenía más remedio que eso, un hijo no se puede criar solo. Bueno, en fin. ¿Dónde está tu prometida?
—Está en una reunión con la organizadora de la boda.— explico.
—¿Quién es la dichosa? Muero por saber quien es.
—Kelly Parker, es hija de uno de los amigos de papá.— comento breve.
—Vaya, es una empresaria entonces, ¿hija de quien?— pregunta.
—¿A ti que te interesa?— digo irritado.
—No sabía que era un delito preocuparme por ti hijo— dice.
— Por dios mamá, nunca te has preocupado por mí. ¿A qué has venido? — insisto.
—Te seré honesta, necesito dinero, estamos de acuerdo de que tu padre no me dejó nada. —se lamenta.
—Nos dejaste, era obvio que mi padre no te dejaría ni un centavo y bueno, pues puedes ir a visitar a tu hijo, al que sí cuidaste. —siseo.
—Eric tiene graves problemas financieros, su padre lo ha despedido de la empresa así que él no le puede ayudar, por eso vengo a pedirte ayuda a ti.
—Lo siento, pero no te voy a dar dinero. — Mariana tiene otro hijo al que puede ir y tratar de estafar, está completamente cegada por la avaricia, ella tiene otro hijo. Mi teléfono celular se ilumina, en la pantalla tiene "Kelly" es una llamada, la contesto rápido, se escuchan gritos.
—Kelly ¿Qué pasa? —pregunto alarmado.
—Hay un mar de gente detrás de mí, estoy escondida en una tienda, la prensa quiere información y no tiendo que pasa.
—Es demasiado normal Kelly, ahora mismo no puedo ir a salvarte, por favor pide que te ayuden a salir por alguna puerta trasera.
—Bien, lo intentaré, si pasa algo te aviso— finaliza la llamada, mi madre me mira fijamente.
—¿Es tu prometida?
—Sí, ella era— contesto mal humorado.
—Ya que no pude obtener un poco de tu dinero, me voy. Esperaré la invitación para tu boda hijo. Que orgullosa estoy.— no le contesto y ella dándose por vencida sale de mi oficina.
El dinero mueve a la gente, sin lugar a dudas. Cuando veo a Kelly entrar por la puerta, lo primero que se me viene a la mente es el anillo, pero omito mencionarlo.
—Mis papás me llamaron para mencionar sobre que somos famosos. —se ríe.
—Que mal que esos imprudentes te siguieran, siempre arruinando todo.
—Si ya sé. Cuando estábamos en una tienda comprando unas cosas, ellos llegaron uno por uno cómo buitres.— explica.
—Así son ellos, así que vete acostumbrado, Kelly. No me pasó por la mente que esto sucedería, pero no cabe duda que la prensa está urgida por notas y artículos para llenar las hojas vacías y eso, mi querida Kelly, nos afecta— explico.
—Mm... Respecto a la boda, Cristina es muy eficiente, ya lleva casi la mayoría de los preparativos. Ya estamos con pequeños detalles, sin importancia. ¿No es increíble?— creo que ella en verdad está emocionada por la boda. No porque se case conmigo, sino porque se va a casar. Ella se desanimó cuando yo dije que no habría boda religiosa.
—¿Ya tienen la mayoría? —pregunto sorprendido.
—Sí, ya compré mi vestido. No es tan tradicional. Es largo pero nada exagerado. —me asegura.
—Todo está bien, Kelly. Encárgate de eso. No tienes que trabajar hoy.— le concedo, más adelante ella ya no trabajará para mí. Estará descansando y cuidando de sí misma.
— Oh, no Barry, me debo de quedar, hay muchas cosas que tengo pendientes y no quiero dejar mi trabajo botado.
—Está bien, es tu decisión— le dedico una sonrisa. Ella sale de mi despacho y yo sigo con mi trabajo.
Kelly está guardando sus cosas en su bolso cuando salgo de mi despacho, antes de que salga huyendo le llamo para que me espere. Hoy es día de "acción", quiero que ella ya esté embarazada.
Mi móvil me detiene, el nombre de Gabriela aparece en la pantalla. Dudo en contestar, pero finalmente lo hago.
—Hola, Gabriela.— Saludo.
—Barry, necesito verte. Me tienes totalmente abandonada, ni siquiera me llamas.
— Lo siento Gabriela, hoy no puedo. Tengo una cena importante, ya sabes, negocios.— la evado.
—Oh, bueno, no importa, pero ¿Mañana?
—No lo sé Gabriela, estaré todo el día ocupado.
—Voy a tu oficina, no te quito mucho tiempo.
—Bien Gabriela, nos vemos.
—Claro, nos vemos mañana, estoy ansiosa.
—Adiós. -cuelgo.
Al salir de mi despacho, veo a Kelly y me aseguro que tenga en mi bolsillo el anillo que le compré.
—Ya confirmé todas tus citas, te las mandé por correo.— musita con voz cansada.
—Muchas gracias, Kelly. —la tomo de la mano y la guio hasta el elevador, el cual nos lleva hasta el último piso.
—Estoy un poco cansada— me sonríe. —pero hoy no voy a poner pausas. Tengo un contrato contigo.
Sus palabras casi me duelen. Eso es lo que somos, un contrato. Nada más, y ella lo entiende a la perfección.
—Sí, tienes razón. —ella no aparta la mirada de mí. Esta vez no le pregunto a dónde iremos, está claro que hoy, yo tomo las riendas. Debo de admitir que Kelly me pone al cien, ella sin darse cuenta es muy buena en la cama, solo que es tímida como para ir a los siguientes pasos del sexo, y dejar el sexo convencional. El camino hacia mi casa es muy incómodo, pero yo ni me inmuto, estoy pensando en cómo le daré el anillo a Kelly ¿Se lo doy en la cena o se lo doy después de que la folle?
—¿Qué te apetecería cenar?
—Lo que tú quieras, está bien. —me sonríe.
—Bien— entro en la cochera y aparco.
Kelly sale inmediatamente, y atiende una llamada.
—Sí, mamá. Ya te dije que no, entiende. Ya lo hice yo sola. —ella se pasea de un lado a otro y yo bajo de la camioneta y me apoyo en ella para que entremos juntos. —Adiós. —Ella cuelga y me mira: —era mi mamá, quería saber cuando iremos a elegir el vestido.
—Ahhm la hubieras llevado contigo —hoy no es mi día. —Tengo algo para ti. Te lo mostraré en la cena.
—Sobre eso, tal vez no me quede a dormir después del ya sabes, tengo que cuidar a Pinky.
—Kelly, en el contrato, dice que puedes venir a vivir conmigo. Será mejor que ya lo hagas.—gesticulo de malas. La visita de mi mamá hace que tenga cambios de humor.
Cuando estamos cenando, y a punto de terminar, por debajo de la mesa, busco en mi bolsillo. La cajita sigue estática, no se ha movido.
—Sé que tú querías una boda real, la boda de tus sueños, y siento haberte puesto en esta encrucijada. Esto es para ti.— Le paso la caja.
—Oh, Barry, no te hubieras molestado. —Ella lo acepta y abre la caja. Cuando mira el contenido se le ilumina la cara. Eso es lo que faltaba, y ya se lo he concedido, ahora falta la boda...