Llegamos a la casa del señor Kaffe primero que el jefe de Alex y Carter. Era una humilde mansión de tres pisos, de colores cobre y blanco. Nos bajamos rápidamente de la camioneta, y en ese momento, una bala dio justo en el vidrio de la puerta. Todos nos agachamos detrás de la camioneta, para huir de la ráfaga de disparos que nos cayó encima. -Maldita sea. -Escupió Kevin. -Teníamos que haber esperado esto. -Necesitamos un plan. -Murmuré. -¿Cómo entraremos? Además de que hay que cruzar ese portón de rejas de acero. Alex miró los alrededores. -Hay solamente dos francotiradores. -Dijo. Miró detrás del y fijó su mirada en la casa de al frente, con un perfecto balcón. -Ya sé lo que estás pensando. -Sonreí. -¿Tienes un rifle? Carter sonrió. -Nunca salimos de casa sin él. -La lluvia de balas

