Lo estaba disfrutando tanto como yo; el momento se volvió mucho más caliente de lo esperado, ya no tenía conciencia de donde comenzaba mi cuerpo y donde terminaba; no quedo ni un milímetro de mi piel sin explorar, jadeos y gemidos resonaban en el lugar, embestidas con todo tipo de ritmos me hacían gritar de placer; sus manos acariciaban todo mi ser, y mi piel se erizaba. La cordura me había abandonado y en su lugar lo único que había dejado eran palabras lujuriosas; mientras me llenaba de todo tipo de sensaciones, mi mente se iba quedando en blanco, uno tras otro disfrutamos todos juntos de ese placer, nuestros cuerpos se fusionaban; gozando de cada segundo, al terminar mi pecho con movimientos agitados resonaba fuerte, ni siquiera me moví de mi lugar; el agotamiento no me lo permitió, ni

