Isabela observaba a Dante perdida en sus pensamientos, aclarando sus dudas, ya que aquellas preguntas que se hacía a diario estaban siendo respondidas por él, preguntas que le daban dolor de cabeza. No importaba cuantas veces se negaba en aceptar que Dante era el hombre que la vida le tenía destinado, ya que entre más se negaba a aceptar el destino y Dante se empeñaban en afirmar. Ahí se encontraba él sin importar que ella lo rechazara una y otra vez, el sostenía su mano firme a pesar de todo. Una parte de ella quería creer que en algún momento Dante se cansaría de rogar y entonces la dejaría en paz. Aquel hombre de ojos grises declaraba su amor en cada oportunidad, le repetía en cada momento que ella era más que su mundo, no solo la mujer con la que se obsesionó, ella no era una más en

