Adrián sintió un fuerte impulso de golpear algo por la frustración que lo invadía. Deseaba poder hablar con ella, encontrar la manera de que lo eligiera. Sin embargo, cuanto más lo pensaba, más deprimido se sentía al considerar que quizás ella no lo quería por una razón simple: él no podía cuidarla de la manera en que ella lo necesitaba. Se odiaba a sí mismo más que a nada en el mundo, deseando ser normal, como todos le pedían cuando era niño. "Sé normal", le repetían su madre, su padre... Incluso él mismo se lo decía todos los días. "Sé normal." Durante su infancia, Adrián no podía evitar repetir la jerga que escuchaba a su alrededor, tratando de practicar una comunicación que consideraba "normal". Lo golpeaban y lo magullaban solo porque quería ayudar, diciéndole a un niño que debía la

