Evelina se congeló al contemplar la escena que tenía delante. Una bala atravesó el aire y, a pesar de lo rápido que debió pasar en la realidad, a los ojos de Evelina parecía lenta. Adrián apuntaba a alguien con su arma. Sus ojos se concentraron en el movimiento del dedo índice contra el gatillo. Incluso alcanzó a ver cómo el arma retrocedía al estallar la bala, pequeña pero de una fuerza letal. Lo más desconcertante fue que Adrián no se inmutó en absoluto. Parecía frío y calculador, como si ya lo hubiera hecho muchas veces. Evelina no sabía qué temer más, si a él o a la bala. —¡Evelina!— gritó Anastasia. Una vez más, parecía que todo iba muy despacio. Anastasia sonaba amortiguada en los oídos de Evelina. No entendía por qué su cuerpo no le permitía girarse para mirar a Anastasia. Solo po

