Diecisiete

1598 Words

Cuando las rejas de la celdas fueron abiertas, Santiago Rúales se encontraba sumergido en los recuerdos. —Tiene visita, señor Rúales —informó el guardia e inmediatamente Santiago se levantó y caminó hacia la sala de encuentros, una vez ahí su corazón se llenó de regocijó, puesto que ver a su hijo le impactó. Presionando sus labios, Santi Rúales sostuvo las ganas de llorar, con un nudo atascado en su garganta, reprimió las lágrimas. —¡Padre¡ —exclamó abriendo los brazos y formando un fuerte abrazo que reconfortó su corazón herido. —¡Hijo mío! —vociferó Santiago con los ojos invadidos de lágrimas, la felicidad de poder abrazar a su hijo le había llenado de dicha. Lloró como cuando un niño llora por su juguete. Aquella tarde padre he hijo se sentaron a dialogar, después de unos minutos

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