Una vez que Erika bajó el corazón de Santi empezó a latir con fuerza, esa niña estaba destinada a ser la mujer de su vida, desde que llegó a la aldea aquel anciano le habló de su destino, al principio dudo pero con el pasar de los años fue creyendo y más ahora, que la tenía frente a él. Los dos adolescentes se miraban fijamente y tomados de las manos iban acercándose más y más. Un carraspeó de Matías los detuvo. Ambos sonrieron y salieron de la mansión. —No olvides lo que hablamos Santi— sigiló Matías al cerrar la puerta —Tranquilo— Abrazados salieron de la mansión, Rodri les esperaba y los llevó a uno de los parques más cercanos. Se recostaron sobre el césped y miraron las blancas nubes que corrían tapando el cielo azul. —¿Qué fue lo que te dijo mí hermano?— —Que te cuide y no te la

