Atlas se acomodó en su asiento en el jet de su abuelo, luego de unos minutos se le unieron sus amigos.
Al cabo de un rato, su primo Gianni entró y se sentó en frente suyo.
- Nonno viene en unos minutos.
Le informó él con calma.
Atlas miró a su primo con desconfianza.
- No me agradas.
Le dijo con sinceridad.
Gianni empezó a reír.
- ¿Porqué?.
Quiso saber el muy interesado.
Atlas se encogió de hombros.
- No lo sé... Simplemente me caes mal.
Se sinceró él.
Su primo se acomodó en el asiento y luego lo miró con aburrimiento.
- ¿Y tú esposa?.
Preguntó él.
Atlas puso mala cara.
- A salvo.
Respondió éste.
- Supe por ahí que no te ha ido muy bien con ella.
Dijo éste con fingido interés.
- Lo que suceda entre ella y yo no es de tu incumbencia.
Espetó Atlas con desdén.
- La gente dice que la han visto con otro hombre, que se ve todos los días con un danés en el pueblo.
Comentó Gianni con maldad.
Atlas apretó la mandíbula sintiendo la rabia crecer en su pecho.
- Ella es libre de hacer lo que quiera.
Aseguró él.
- Bueno... Entonces supongo que no te importa que todos sepan que tú mujer es una... ¿Cualquiera?.
Le preguntó éste.
Atlas se puso de pie para golpearlo, sin embargo se detuvo al ver entrar a Giorgio.
- Listo jóvenes, vámonos.
Les dijo el anciano para luego tomar asiento.
Atlas le imitó y se dispuso a escuchar musica.
Luego de poco menos de nueve horas de vuelo habían llegado a Rabat.
Atlas inmediatamente salió del avión y fue a la camioneta Suburban que ya les esperaba para llevarlos al hotel.
Permaneció en silencio sepulcral durante todo el viaje, conteniendose de llamar a Antonio y ordenarle ir a matar a Adrián.
Apenas llegó al hotel, fue a su suite y se tumbó en la cama totalmente deprimido.
Minutos después llegó Víctor y le instó bajar a cenar para escuchar el plan que había desarrollado su abuelo.
De mala gana, Atlas accedió bajar y permaneció enmudecido durante toda la cena con la expresión sombría.
Su abuelo se había enterado de lo que le sucedía y su separación con Lorraine, sabía de los encuentros que la joven había tenido con el pintor danés y se sintió mal por su nieto.
- Entonces mañana cuando nos encontremos con Santiago en aquel sitio, quiero que el americano me acompañe.
Les dijo refiriéndose a Víctor.
- Cuando logren dar con aquellos cabrones, quiero que me los traigan.
Deseo ser yo quien los mate.
Les dijo a todos.
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Giorgio observó con atención aquel sitio, el bar estaba decorado de manera minimalista y bastante elegante.
Victor se removió inquieto al ver a los hombres custodiando el sitio.
Giorgio se fue a sentar en la cómoda silla aterciopelada y esperó.
Luego de unos minutos apareció Santiago y al ver aquel anciano sonrió de manera espeluznante.
- Señor Valastro.
Dijo apenas verlo.
Giorgio le saludó con la mano y esperó a que el hombre tomase asiento.
- Santiago... Al fin podemos conocernos en persona.
Le dijo él.
- Me sorprende bastante verle aquí y más solicitando ser miembr* de nuestra sociedad.
Teniendo en cuenta lo sucedido con su nieto Giulio.
Respondió él.
Victor entonces se tensó al escuchar hablar sobre Atlas.
- Si... El pobrecillo no quedó muy bien de la cabeza luego de aquello, ahora necesita ayuda psiquiátrica de por vida.
Pero... En realidad hay que separar una cosa de la otra.
Mencionó el anciano con tranquilidad.
- ¿Por qué no ha venido Atlas con ustedes?. Se que se quedó en el hotel.
Le preguntó Santiago.
Giorgio se puso muy serio.
- Bueno... El quería enviarme a mi primero para llegar a un acuerdo.
Giulio desea ser miembr* de la sociedad.
Cómo podrá entender, luego de tantos años viviendo con los Mason, desarrolló ciertos... Gustos.
No puede dejar los viejos hábitos.
Me ha convencido de participar.
Le explicó Giorgio con calma.
Victor comprendió que Giorgio estaba improvisando.
- Se que su nieto mató a Izan Bernardeau.
Una fuente cercana nos ha informado que él lo que quiere es matarnos a todos.
Expuso Santiago.
Giorgio negó.
- No, no es asi. Lo de Bernardeau se debió a otra cosa... Estaban traficando c*ca sin pedirnos autorización, así mismo su esposa e hijo pr*stituian sin pagarnos cuota.
Fue por conflicto de intereses.
¿Quiere hablar directamente con él?.
Le preguntó Giorgio con expresión imperturbable.
Santiago asintió.
- Víctor... Llámalo.
Le pidió el hombre.
Luego de cuarenta minutos todos en el bar se acomodaron al ver llegar a Atlas.
Apenas Santiago vió al joven, inmediatamente sonrió impresionado.
- Santiago.
Dijo Atlas al verlo y luego le estrechó la mano.
Los hombres de Santiago observaron a Ekrem, Gianni y a Víctor con cautela.
Atlas tomó asiento y luego se acomodó.
- Jamás creí verte de nuevo muchacho... Y menos vivo... La verdad.
Le dijo Santiago fascinado.
Atlas puso una mueca de indiferencia.
- Hierba mala nunca muere...
Se limitó a responder él, haciendo reír a Santiago con ganas.
- Vaya... ¿Crees que no sabemos que es lo que haces aquí?...
Preguntó él riendo.
Atlas sonrió.
- Se que mi tío Renzo te aviso que vendríamos, se que fue él quien mandó a asesinar a mi familia y también que fue él quien te dijo donde vivía para que enviaras a tus hombres a matarme.
Se que envió a Gianni a hacer lo mismo.
Le contestó el muy tranquilo.
La sonrisa de Santiago se desdibujó del rostro, luego miró a Giorgio quien encendió un habano.
Gianni se removió inquieto.
- ¿Cómo lo has descubierto?.
Le preguntó Santiago.
- Por que... Gianni me lo contó todo.
Explicó Atlas con calma.
- No se te ocurra moverte pendejo.
Le ordenó Ekrem mientras le mostraba una granada sin el seguro con la mano derecha.
Le dijo el joven muy tranquilo.
- No nos da miedo señor Polat.
Respondió Santiago confiando en que el muchacho no se atrevería a soltarla.
Ekrem sonrió.
- Ya sabemos dónde están tus amiguitos... Ah si... Esa propiedad en las afueras de la ciudad. Es una pena... Me gustó mucho la fuente de mármol que tienen en el patio. En estos momentos tus amigos están siendo asesinados por nuestros hombres
Le aseguró Víctor riendo por la adrenalina.
Santiago palideció.
- Matteo y sus hombres sacaron a los niñ*s.
Les informó Gianni a los demás mientras les mostraba fotos a todos de los menores resguardados.
Los hombres de Santiago se removieron asustados.
- Ekrem... Detonala.
Ordenó Atlas con calma.
El abuelo de Atlas y su primo inmediatamente se tiraron bajo la mesa al igual que Victor.
Entonces Ekrem lanzó la granada hacía el otro lado del bar, y explotó.