Capitulo 26

1345 Words
HDP —¡Maldito hijo de puta! Vuelvo a bramar en la tranquilidad de mi habitación en la casa de los O’Connor. Es que estoy tan cabreada y enojada con ese tipejo que lo único que se me ha ocurrido pensar es en conseguir un sicario y hacerlo picadillo, o mejor aún lo mato to misma y se lo lanzo a los perros. No, mejor no, se pueden enfermar los perritos. —Pero, Louise… Esa niña estaba tan contenta con la mentira piadosa que le dije que no me atrevo a dañar su corazoncito ya herido. Necesito hacer algo, de alguna forma u otra tengo que lograr que ese idiota descerebrado se de cuenta de la hermosa hija que tiene. —Piensa, Shannon, piensa… —¿Y si hace un contrato de esos como los que salen en las novelas, señorita Shannon? —Se… señor Loren, ¿estaba aquí? —Pues hace como quince minutos, pero usted ha estado demasiado ofuscada gritando de un lado para otro que no ha hecho caso a mi presencia, señorita Dumas. —¿O sea que escuchó todo? —Cada una de las atrocidades que ha dicho en contra del joven Connelly y creo que se las merece, pero déjeme decirle que usted es más inteligente que él y si quiere doblegarlo debe saber mover muy bien los hilos de esta historia. —¿Y cómo hago eso? Porque de verdad que cada vez que lo veo quiero matarlo. —Para eso me tiene a mí, señorita Shannon, quién más que yo para saber lo bueno, lo malo y lo feo de Aaron Connelly. Su risita macabra y la forma en que se sienta a mi lado debería asustarme, pero no, era todo lo contrario. En ese preciso momento sabía que quien estaba frente a mí era mi nuevo y mejor aliado y lo iba a aprovechar. ¡Ja! Vamos a ver quién ríe al último, Aaron Connelly. A la mañana siguiente… ¡Uy! siempre quise decir eso, pero sí, después de una noche productiva y un despertar de los dioses con el rico desayuno que tomé, gracias al gentil auspicio de O’Connor family group, voy manejando rumbo a mi trabajo. En el asiento del copiloto va muy asegurado el sobre de manila que contiene las reglas para mi “noviazgo” con el pedazo de mierda de Aaron Connelly y debo decir que me siento radiante y poderosa. —“Tienes que aceptar, sino todos la terminaremos pasando mal” , Ja a ver cómo te queda la carita ahora, idiota. Llego a tiempo a Constructora O’Connor y después de estacionar me bajo delicadamente de mi auto, camino hasta la puerta del copiloto y tomo el sobre y la bolsa con todo lo que necesito para mi plan, la risa macabra de Lauren es una alpargata al lado de la mía, juro que estará orgulloso de mí. Entro por el ascensor interno del edificio y marco el piso donde terminaré la segunda parte de mi plan. Sigilosamente, me adentro por los pasillos vacíos, mientras sigo riendo como la villana del cuento y entro a la oficina del idiota. Comienzo a colocar las flores y las velas, en el lugar preciso donde todo ocurrirá, para darle en toque romántico al asunto, y luego voy a la cocina enciendo la cafetera y preparo la bandeja con las exquisiteces que preparó la señora de la cocina. Una vez que todo está listo tomo la bandeja y camino con aires se diva. —Esto será de antología, Loren estarás orgulloso de mí, lástima que no puedo grabarlo. Sonrío con suficiencia y sigo mi camino. —Buenos días, señorita Dumas. —Ah, la puta madre —del susto casi suelto la bandeja, pero quién me saludó fue más rápido y me tomó del brazo antes de caer con todo el contenido de la bandeja. —Buen día, George, me asustaste. —Perdón, señorita Dumas. No quería asustarla— me dice apenado, mientras me suelta y yo me estabilizo. —Tranquilo, ya pasó, pero ¿qué haces tan temprano aquí? —Son diez para las ocho, señorita Dumas—maldición tengo que apurarme—. Además, debo trabajar en los planos del… —Ya, ya, si entendí, te dejo George, tengo algunos asuntitos importantes que hacer. —Si, claro. Que tenga un excelente día, señorita Dumas. Eso esperaba… Apresuré mis pasos hasta llegar a la oficina del idiota descerebrado y terminé de ordenar mi pequeña bienvenida. En eso escucho mi teléfono y veo que es el mensaje de Loren. “Todo listo, ricitos de oro está conmigo. Papá oso en camino” No pude evitar soltar la carcajada al ver cómo se refería Loren a esos dos y creo que era más simpático que idiota descerebrado. —Naaaaa me gusta más ese—digo, como si alguien me viera, le envío un okey a Loren y me preparo para mi última movida. Me siento en la silla del escritorio de ese incordio la coloco en la posición perfecta y me acomodo para esperar a mi futuro novio. —Siri, busca a Barry White. Una dulce y suave canción de esa voz sexy. Como si fuera por azares del destino comienza a sonar en mi teléfono Just the way you are y esbozo mi sonrisita de villana. —Ahora a esperar… Miro a través del inmenso ventanal las hermosas calles de Dublín y suspiro. —Todo sea por ti, querida Louise. Pero no tuve que esperar mucho… —Pero ¿Qué rayos? Tres… Dos… Uno… Actitud. —Buenos días, señor Connelly. Como actriz porno me doy vuelta, cruzo mis piernas y coloco mis codos en su escritorio y mi cara sobre mis manos. ¿Les conté que hoy me vestí con una falda tubo negra y una camisa transparente que muestra el hermoso sostén de encaje blanco, casi virginal que compré especialmente para la ocasión? Pues así estoy frente a él que traga duro y se pasa la mano por la cabeza. Mentalmente me estoy aguantando la risa pues su cara de desconcierto es digna de enmarcarse o de usarla como parte del marketing de la empresa, pero sigo con mi actuación y extiendo mi mano para indicarle que se siente y él, aunque renuente, lo hace. Bien, cachorrito. Así me gusta. Tomo el croissant de chocolate que está en la bandeja y con sumo cuidado y delicadeza lo muerdo, solo en la puntita y su rostro se pone rojo como tomate maduro. Todo esto era tan nuevo para mí, creo que no solo Lauren estará orgulloso, también mi psicóloga, pues es la primera vez que intento seducir a alguien utilizando mis atributos. Lo que me hace pensar en dos cosas: Esa niña ha calado tan hondo en mi corazón que estoy dispuesta a venderle mi alma al diablo (o más bien al idiota descerebrado). Y Lauren tiene razón, apuesto diez a uno que la pequeña carpa de circo ya está en esos pantalones negros. Sigo con mi actuación y extiendo mi mano para tomar del delicioso café. —Q… ¿qué estás haciendo, Shannon? —Desayuno —limpio mis labios con la servilleta como toda una diva. —Se…se ve rico… —Delicioso ¿Quieres? —Sí… sí quiero. —Perfecto. Ahora viene el desmadre. Le lanzo con elegancia el sobre y le indico que lo abra,si quería que este tipo aceptara tenía que jugarmela todo por el todo.. —¿Qué es esto, Dumas? —Nuestro maravilloso contrato de compromiso, querido Aaron. Me levanto como si fuera una gata en celo y camino hasta su lado, me agacho,apoyo mi mano en su pecho y le hablo al oído. —Si decides aceptar... firma y prepara tus maletas, cariño que nos vamos a Nueva York. Sí querías que saliera trasquilada te equivocaste conmigo, Aaron Connelly. No sabes con quién te estás metiendo, chiquito. La operación une a papá oso y ricitos de oro ha comenzado. ------------------------------ Copyright © 2025 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative
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