Capítulo 1

3033 Words
—¿Te parece normal llegar a estas horas, Dafne? Aquella estúpida, pero sexy y ronca voz se adentró en mis oídos; y por supuesto, en lo más profundo de mi mente. Casi sin poder evitarlo, me encontré rodando los ojos. Aquel aterciopelado gruñido me había provocado escalofríos por todo el cuerpo. Demián... No tenía suficiente con ese nombre de gilipollas. Él era aun más retorcido, ese canalla estaba tocándome las narices. No había pasado ni una semana completa dentro de esta casa, y a como iban las cosas... No aguantaría ni un mes entero lejos de papá. ¡Puff! Aquí todo era un remolino, una cosa peor que la otra. Un extraño se tomaba el atrevimiento de esperarme por la noche, como si fuese mi padre... No entendía muy bien el porqué aquel energúmeno se tomaba muy en serio el trabajo de ser el sustituto de mi padre. ¡Por dios! Papá le daba mil vueltas a Demián; el estúpido novio millonario de mamá. Él muy gilipollas estaba jugando la carta de ir con buen rollo, únicamente cuando mi madre estaba cerca; de resto, no era nada más que un caldillo en el culo. Mamá, en cambio, estaba durmiendo plácidamente en su cama. ¡De locos! A mamá no le quitaba el sueño que, una cría como yo, estuviese de fiesta durante la madrugada. No debía preocuparme mucho por mi madre, sino, por el imbécil que se había convertido en mi padrastro. Demián era lo suficientemente metiche como para abrirse un canal de noticias; su mirada dura me escanea de pies a cabeza. Un sentimiento de recelo me recorre el cuerpo sin precedentes, pero me las arreglo para hablar lo más segura posible. ¿Acaso no le duele la cara teniendo el ceño fruncido todo el día? —Qué te jodan. Gruño, lanzando mis zapatos sobre el suelo de la sala de estar. Mis pies estaban gritando de dolor, despues de haber usado aquellas zapatillas con plataforma toda la noche durante la fiesta en casa de Grefg, un tío de mi clase. Había sido una noche tan larga que había logrado olvidarme de que tenía que volver a casa... Una mueca aparece sobre mis labios. Mi cabeza palpita, todo comienza a lucir aun más tetrico de lo que ya era... y todo aquí me da vueltas. ¡Mierda...! No debí haber bebido tanto. Aquellos pensamientos inundan mi mente mientras intento sobrevivir al alcohol. Me sujeto torpemente del sofá, para después sobarme la cabeza con ambas manos. El ardor es casi tan insoportable que apenas puedo mantenerme de pie. Aquello no podia ser peor. En cuanto mi mirada se esclarece, puedo notar aquellos ojos tan distintivos, que me observan como si fuese un bicho raro. Demián estaba cerca, muy, pero muy cerca. Él estaba mirandome de una forma muy extraña, o yo, definitivamente estaba volviendome loca. ¡Que va! El alcohol me hacia darle más de una vuelta a las cosas. Él se encontraba tan cerca de mí, que pude notar con claridad el color de sus grandes ojos, bajo aquellas pobladas cejas. De lejos, ambos parecían de un color índigo, pero en cuanto su mirada se posó sobre la mía, pude darme cuenta de que uno de sus ojos era una combinacion de verde-amarillento, mientras que el otro era gris-azulado. Mi boca casi se expande de par en par. No tenía idea de que se podía tener los ojos de dos colores totalmente diferentes. Le tenía envidia. Mis ojos eran de un solo color. Hazel, aburrido, completamente genérico. Demián no podría ser más diferente. Su cabello avellana se interpuso entre nuestras miradas; estaba desaliñado; como si hubiese estado pasándose las manos por la cabeza constantemente. Su mirada se endurece ante la mía. Él se reincorpora y ahora solo puedo ver su cuerpo fornido. Me sacaba por lo menos dos cabezas. Aquel traje de sastre que llevaba puesto, era ajustado a su musculoso cuerpo y ocultaba aquellos tatuajes sobre su aceitunada piel. Mis cejas se alzan en incredulidad. ¿Acaso no tenía algo que lo hiciese ver horrible? —No me hables de esa forma, Dafne, porqué... ¡Oh, claro que tenía algo que lo hacía perder el encanto! Cuando abría la boca, aquel hechizo embelecedor se esfumaba de mi cuerpo. Estoy segura de que se preguntarán: ¿Por qué no estoy en casa con papá, si tanto odio al novio de mamá? Bueno, es sencillo. Mi padre ahora estaba de viaje de negocios. Su corporación era lo más importante, por lo que, había tenido que viajar a México durante un par de semanas. Las vacaciones de verano habían acabado, yo tenía que volver al instituto. Mi padre no podía llevarme consigo, así que, había tenido que quedarme en casa con mamá... ¡Y su tonto novio! Apenas cumpliendo mi primer día en esta casa y ya no podía sobrevivir más aquí dentro. —¿Por qué? —Las palabras escapan de mi garganta, desafiantes. Mis brazos se cruzan bajo mi pecho. En cuanto noto la mirada de Demián sobre mi cuerpo, me incorporo rápidamente. De pronto me sentía tan expuesta ante sus ojos. Aquel vestido oscuro que llevaba puesto se ajustaba perfectamente a cada curva de mi cuerpo, y aunque, no tenía el mejor, bajo aquella tela fina lucia como toda una modelo de revista. —Yo puedo... yo puedo hablarte como quiera, al fin y al cabo... tú ni siquiera eres mi padre.— Bufando, señalo el pecho de Demián. No tengo siquiera que verlo demasiado para saber que aquel gesto le había hecho hervir del coraje. Las venas en sus brazos se sobresaltarón y su cuerpo estaba tenso. ¡Quién es mejor que quién! No puedo ni disfrutar mi victoria. Demián me coge con la guardia baja, sujetandome fuertemente por la muñeca. Él aprieta la mandíbula, como si quisiera decirme de todo. Sabe que no es muy conveniente. Le diré a mamá si se le ocurre decirme algo fuera de lugar. —Me estás colmando la puta paciencia... —dice a regañadientes, aprisionandome contra su cuerpo. Su agarre es tan duro que apenas puedo respirar con dificultad. —¡Suéltame! ¡Me estas lastimando! —gruño sobre su rostro, aullando de dolor. ¡Oh, mierda, eso dejará una marca muy grande! Intento retroceder, pero su agarre se intensifica y me provoca bochorno. El haber bebido tanto no me permite tirarle un golpe por la cara, como se lo había tenido merecido desde el comienzo. Demián, traga grueso, aunque finalmente me suelta, a regañadientes. Mi cuerpo se tambalea, pero logro mantenerme de pie impresionantemente. Él me observa serenamente, antes de darse la vuelta; tomándose la cabeza, como si pensará que hacer conmigo. ¿Qué hacer conmigo? Por dios, él ni siquiera es mi padre. —Estás castigada. Lo dice, tan de pronto, que no puedo evitar verle con la boca abierta. Una risa sarcástica intenta escapar de mi garganta, pero la reprimo. Él está loco si cree que puede tener algún poder sobre mí, cuando ni siquiera mi madre lo tiene. ¡Se ha vuelto un demente! —¿Qué? Tú no puedes castigarme... Tú no eres mi papá. —Oh, claro que puedo castigarte, Dafne.—Se ríe frente a mis narices, él muy imbecil. Su cara no es más que burla pura. —Tu madre confía más en mí, en que su propia hija.—Demián escupe, inflandose el pecho de orgullo. Un gran suspiro escapa de mis labios. Los recuerdos inundan mi mente. Mamá había estado culpandome día con día de que mi padre la hubiese abandonado; aquello, hasta que conoció al c*****o de Demián. Como si no hubiese tenido suficiente con oírla repetirmelo desde que llegué aquí, ahora él también estaba haciendolo. Mi pecho comienza a latir rápidamente. Quiero ir a mi habitación a esconderme; lejos de todos, lejos de los reclamos de mamá y de las palabras de aquel imbécil. Necesitaba solo un momento de paz. Necesitaba un respiro. Cuando cogía el pomo de mi habitación era como si finalmente hubiese podido respirar después de estar mucho tiempo bajo el agua. Ahora... me sentía tan... Abrumada. —No me importa si mi madre confía más en ti que en mí. —Espetó Demián, alzando las cejas con incredulidad. La rabia en mi voz es evidente y puedo notar el enfado en sus ojos. Algo dentro de mí se encontraba roto. Que me escupiera aquello por la cara, me había dejado... Un sentimiento de estragos. ¿Con qué derecho se atrevía a meterse en mi vida? Él solo era el estúpido novio millonario de mamá.—Yo lo único que quiero es que me dejes en paz. Mete tus narices de viejo en donde perteneces, imbécil. Decido devolverle el ataque, enfadada. Él sabía exactamente que punto tocar para hacerme daño. Por qué aunque mi padre ocupase un lugar muy grande en mi corazón, mamá no hacía más que destrozar el pequeño lugar que ella también ocupaba. Mi corazón no dejaba de latir con rapidez. Mi pecho subía y bajaba, desenfrenado. Apenas puedo dar unos cuantos pasos. Demián me coge con la guardia abajo, y nuevamente me sujeta por la muñeca, deteniendo mis pasos. —Dafne... —gruñé. Mi nombre en sus labios suena tan... Repugnante. —¿Qué mierda es lo que quieres? —elevo la ceja con ironía. Su estúpido tono burlesco estaba comenzando a cansarme. Él se queda estático, en un silencio sepulcral. De pronto, Demián entrona los ojos. Él me mira atentamente... pero no es precisamente mi rostro lo que sus ojos ven. Él observa la piel de mi cuello, y de pronto lo recuerdo... Es como si me tirarán un balde de agua fría por la cabeza. ¡Oh, mierda! Definitivamente había sido una noche loca. Yo... No recordaba como pudo haberme pasado eso. No era una zorra que se besara con cualquier imbécil. Aún estaba un poco pirada por mi ex novio y me gustaba la manera en la que ambos podíamos divertirnos sin ser nada más que amigos. Pero jamás le había permitido marcarme de esa forma, como si fuese parte de su rebaño. Él muy imbécil debió de haberlo hecho en cuanto me descuide. ¡Me las iba a pagar! Jordan me había traído a casa después de haber pasado toda la noche juntos en la fiesta. Él era ese típico tío de ensueño, musculoso, atractivo, popular; y me gustaba formar parte de su mundo, sabiendo que el mío era muchísimo más complicado. —¿Qué coño llevas en el cuello? —Pregunta, furioso. Mis hombros tiemblan bajo su agarre. Un chupeton. ¡Yo tenía un chupeton! ¿No era claro? Encaro ambas cejas antes de responder. —Lo que ves, ¿O acaso estás ciego, Demián...? Él toma un aire profundo, como si estuviera aguardando paciencia. Sus dientes rechinan ante la fuerza en su mandíbula. Por primera vez en la noche, no puedo sentir nada más que satisfacción. —Ven aquí. —Demián me suelta, furioso. Él se lanza sobre el sofá, golpeandose ambas rodillas, dictador. Frunzo el entrecejo, confundida. ¿Qué es lo que está haciendo? Sé que estoy bajo los efectos del alcohol, todo se ve borroso, posiblemente también esté alucinando dragones mágicos, pero esto está pasando de verdad. ¡Demián está diciéndome que me siente sobre sus rodillas! Mi boca se abre de par en par.—Que vengas aquí, ¡Joder! —Me quedo completamente estática. Demián tira de mi muñeca y hace que caiga sobre sus piernas. ¡Mi culo está sobre sus rodillas! Esto es... extraño. Nuestras miradas se cruzan y puedo ver una chispa indescriptible en sus ojos. —¿Qué coño te pasa? —pregunto a regañadientes, echandole una mirada de pocos amigos. No entiendo su actitud. Cuando mamá esta presente Demián suele ignorarme, como cuando llegue a casa está mañana. Pero ahora... Parece que está cabreado por mi culpa. Me estaba tocando las narices. Ya había tenido suficiente con tener que aguantar a mi madre todo el día. La menopausia, definitivamente, mataba a cualquiera que cruzará palabras con mamá. Demián era un guerrero por soportar a mi madre. En cambio, mi padre, era un sol. Yo no necesitaba más que un abrazo de papá para estar bien. Él era como una curita al corazón. —¿Quieres saber qué me pasa?—Demián me coge fuertemente de la cintura, lanzando mi cuerpo hacía el sofá e ignorando mis palabras. Sus movimientos son tan bruscos y rápidos que me es casi imposible poner resistencia. Mi cara se estampa contra aquel sofá de seda, mientras que mis piernas quedan sobre sus rodillas. Demián me levanta aquel vestido corto que llevaba puesto, dejando mi culo expuesto ante su rostro. Mi piel se estremece bajo su aliento caliente. No sé qué es más extraño, que el este viéndome el culo, o que esto esté pasando realmente. Solo puedo quedarme estupefacta. ¡Por dios! Quiero golpearlo, quiero decirle que me deje en paz, pero mi vista comienza a nublarse una vez más. ¡Maldito alcohol! —Me tienes harto con tu puta voz. —Por el rabillo del ojo, me doy cuenta como el semblante de Demián se oscurese, mientras su mano se eleva sobre el aire. ¡Él va a golpearme! Me quedo completamente estática, cerrando los ojos con fuerza mientras me encojo sobre mi lugar; esperando aquel golpe que llega mucho más rapido de lo que yo creía. Mi culo arde cuando su mano impacta contra él y el sonido de mi piel contra la suya es sonoro. ¿Él... acaba de golpearme el culo? —Suelta... —Siempre crees que tienes la razón en todo. Tu padre te hizo una malcriada.—él vuelve a darme otro azote, aunque este con más fuerza que el anterior. Me retuerzo entre su agarre, pero es inútil. Demián es mucho más fuerte que yo y mucho más rápido.—No te aguanto más. El tercer azote llega e hace que lágrimas broten de mis ojos. Pego mi rostro contra el sofá y ahogo un grito de dolor... ¡Mierda, y vaya que duele! Mi padre jamás me había golpeado. Mamá tampoco, aunque creía que con sus palabras eran suficientes. —¿Qué sucede? ¿Te duele? —Demián se ríe, como esos villanos de cuentos de hadas. Le observo, recelosa con el rostro contraído por el dolor. Sus ojos estaban oscuros y llenos de deseo.—¡Vaya! Pensé que soportarías más dolor.. Supongo que... No eres una niña tan mala. Mi cuerpo siente un gran escalofrío al oir sus palabras. Él coge ambas de mis muñecas con ambas manos, sujetandolas sobre mi espalda; mientras que su mano libre recorría la piel de mi espalda. Su tacto era caliente, aunque su piel estaba fría. Mi piel se estremece en cuanto sus manos viajan hasta mi humedad. No puedo evitar jadear, cuando sus dedos palpan mi coño. Mierda... Estoy tan húmeda... ¡¿Por mi padrastro?! Demián frota mi coño, por encima de las bragas que llevaba puestas aquel día. Suspiro fuertemente, enterrando mi cabeza sobre el sofá. Todo era tan... extraño. Nunca me había sentido tan excitada como en aquel momento. —Demián... yo... Desentierro mi rostro del sofá solo para tomarle de la mano y presionarla sobre mi coño húmedo con aun más fuerza. Era tan satisfactorio sentirlo, que facilmente podría haberse vuelto en mi nueva adicción. Demián sonríe, engreído. Por el rabillo del ojo, puedo notar como comienza a quitarse el cinturón, cuando la luz del pasillo se enciende. Demián se levanta rápidamente, estampandome contra el sofá. Jadeo, aunque esta vez de dolor. Mi cabeza palpita y los espasmos en mi humedad son cada vez más continuos... —Katherine, ¿Qué haces despierta?—Demián interroga a mamá, quien restriega uno de sus ojos mientras bosteza abiertamente. Luce cansada y lleva puesto una pijama de seda color melocotón. Aquella piscina oscura llena de lujuria en los ojos de Demián había desaparecido y era remplazada por un semblante sereno. Suspiro. Es por eso que él se había detenido... Mi madre estaba aquí. —Decidí... Venir a por un vaso de agua. —mamá balbucea, aún adormilada. —Muero de sed... —Pudiste habérmelo pedido, yo te lo habría llevado hasta la cama, cielo. —Demián le da una sonrisa de dientes perfectos, dejandole un corto beso a mamá sobre la mejilla. Una sonrisa de oreja a oreja aparece en el rostro de mi madre. No entiendo muy bien donde es que mi cuerpo esta recostado. Este sofá es tan incómodo... Mamá debería cambiar los muebles de casa. Puedo sentir mis costillas de lo duro que está. La basura abunda aquí debajo... ¿Debajo? ¡Yo estaba debajo del sofá! De pronto, un labrador se acerca hacia mí dirección olfateando todo a su paso. Era tan grande que podría haberme comido de un bocado si quisiera hacerlo. Su pelaje era largo, voluminoso, de un color azabache. Aquella bola de pelos me observo, como si yo fuera un hueso que pudiese roer. No recordaba que a mamá le gustarán los perros, pero... ¡Espera, es el perro de Demián, Max viéndome como una nueva carnada! Un grito ahogado deja mis labios. —Intente hacerlo, amor, pero no estabas en la cama. La voz de mi madre es sonora. Aún no puedo creer como ni siquiera ha notado mi presencia. Con mi padre todo esto hubiese sido completamente diferente. A mamá no le intereso, en lo absoluto. Mi corazón arde y trago grueso, intentando reprimir las lágrimas sobre mis ojos. Aun con los sentimientos a flor de piel, ese perro sigue viendome como su nuevo juguete. Necesito salir de aquí. —Oh, sí, solo bajé a por una pastilla para la jaqueca, pero ahora que la encontré es mejor que vayamos a dormir. —¡Ay, cielo..! —mamá intenta replicar, pero Demián la empuja para que suba escaleras arriba. Él me observa por última vez con los labios apretados, antes de volverse hacía mi madre. ¡Que considerado! Aquella escena es lo último que puedo recordar de esa noche tan siniestra. Después de aquello, mis ojos comenzaron a pesar hasta cerrarse por si solos. Vaya noche...
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD