—¡Daf! —Aquella voz, gruesa, masculina y sexy, resonó por los pasillos del instituto. La tarde caía; algún que otro chico deambulaba por sus casilleros, pero el lugar estaba prácticamente vacío. Jordan asoma la cabeza fuera del coche, sonriendo de oreja a oreja. —¿Te llevo a casa, bonita?
Sus palabras envían un escalofrío a mi cuerpo. Él siempre tenía ese poder sobre mí. Su sonrisa socarrona podía quitarle las bragas a cualquier chica; y yo no era la excepción.
Me muerdo el labio inferior, indecisa. Alex siempre me acompañaba a casa. Toda la tarde le había estado buscando como una loca. Incluso, dentro del club de pintura, pero él prácticamente se había esfumado. Ni siquiera había asistido a su práctica de fútbol. Me había abandonado, lo que era un poco extraño porque, nosotros eramos como uña y mugre. Alex estaba actuando muy raro.
Por otro lado, mamá me había enviado un mensaje de texto durante las clases, está mañana. Me prometió que vendría a por mí al terminar las clases. Recuerdo haber mordisqueado mi lápiz, recelosa; mi padre siempre solía venir a por mí después de clases... Estaba segura de que él se lo había pedido, de otra forma, ella jamás habría pensado siquiera en la idea de hacerlo. Mi madre no era ese tipo de madre. Ella no era cariñosa, no sé preocupaba por mis cosas y mucho menos se preguntaba donde estaba.
Mi primer último día de instituto estaba siendo tan... Esotérico.
—De hecho, yo... —Titubeo, jugando con mi móvil entre mis manos. Revisando mis textos, me doy cuenta de que no tengo ningún mensaje de mamá. Suspiro, derrotada. No sé cómo es que creí que algo podría ser diferente... Quiero decir, yo conozco a mi madre. Ella no haría eso por mí. Mi corazón débil se estrujó dentro de mi pecho.
Echándole un vistazo a Jordan, asiento con una sonrisa. Aquella sonrisa de dientes perfectos en mis labios; no llegaba hasta mis ojos. Ella, de verdad, lograba apagar mi ánimo con algo tan simple. No estaba decepcionada, estaba cansada. Y echaba de menos a papá.
—¿No tienes problema en llevarme?
—Por supuesto que no, nena. Sube.—Jordan ronronea, viéndome de reojo. Sus manos puestas en el volante. Rodeo el coche rápidamente y me monto en el asiento del copiloto con una sonrisa ladina. Su auto huele a colonia cara y varonil. —¿Tu madre se ha olvidado de pasar por ti?
Su pregunta me hace rodar los ojos. Estaba a un paso de que todo el mundo se enterara de que mi madre era insensible.
—Lo dices como si fuera una novedad. —Respondo, con la mirada puesta en la ventana. Él ríe, poniendo el coche en marcha.
Las miradas sorprendidas de algunos estudiantes se posan sobre nosotros. Los chicos observan con asombro el coche deportivo de Jordan, y los tatuajes de sus brazos; mientras que las chicas me miran con su mejor cara de pocos amigos, deseando tener su culo postrado en el asiento del copiloto junto a Jordan.
Le echo un vistazo al chico a mi lado; sus ojos verdes estan puestos en la carretera, su cabello rubio revolotea en todas direcciones y los músculos en sus brazos se contraen, haciéndolo lucir aún más sexy. Jordan era tan guapo y popular. En cambio, yo... No era esas chicas que escondían las narices detrás de un libro. Me gustaba leer en mis descansos, pero no era retraída. Me gustaba estudiar, pero no era un cerebrito. Me gustaba pasar desapercibida, pero a veces necesitaba ser el centro de atención. Era luz, pero también era obscuridad. Yo, soy diferente. Ambos éramos del mismo mundo, pero cada uno a su manera.
El padre de Jordan era uno de los empresarios más grandes de la ciudad, después de papá. El señor Harris tenía cientos de miles de propiedades a su nombre. Su padre vivía de viaje en viaje, por lo que, Jordan no podía pasar tiempo con él; sin embargo, podía darse lujos como el deportivo que ahora conducía. Y respecto a su madre... Bueno, ese era un tema del que no le gustaba hablar. Ella lo abandonó cuando apenas era un niño.
—Siempre puedo recogerte después del insti... —Dejo de ver la ventana para observar a Jordan con una cara de pocos amigos. Su voz picarona es evidente. Sus ojos verdes estan sobre mis ojos, mientras que su cuerpo comienza a deslizarse lentamente cerca del mío.
Puedo sentir su respiracion tan cerca. Mi aliento se detiene. La tensión es palpable. Cada que estamos así de cerca solo puedo pensar en nuestros cuerpos, uno junto al otro.
Antes así lo era, pero nuestra relación se había terminado hacia meses atrás. Ambos teníamos diferentes caminos. Él era un mujeriego de primera, y yo... Yo había cambiado.
El rostro enfado de Alex está mañana, aparece por mis pensamientos. "Sientes volver a hacer aquello que dijiste que dejarías atrás..."
Pongo mis manos sobre el pecho de Jordan, y lo echo hacía atrás, empujándolo contra su asiento; mientras las palabras de Alex se repiten una y otra vez en mi mente. No puedo seguir cayendo en el círculo vicioso de estar enrollados, y luego no, y luego si; no hace nada más que marearme.
Puedo oír su suspiro derrotado. Me gustaba jugar con él, eso era todo, un poco de diversión, unos cuantos besos y cada quien dónde debía estar.
—Buen intento, Jordan. —Le digo, cogiendo mi mochila del asiento trasero, rápidamente. Le doy una última mirada, guiñándole el ojo, antes de salir del coche. —Hemos llegado a casa... —Aviso, encogiendome de hombros.
En cuanto mis pies tocan el porche de entrada; me doy cuenta como Jordan se apresura a bajar de su coche, yendo detrás de mí.
—¿Por qué no me invitas a pasar? —Él se adelanta, posandose frente a mí. Su cuerpo está tan cerca del mío, que puedo escuchar el latir de su corazón. Sus ojos verdes me observan, casi tan oscuros, que lucen miel. Puedo notar la lujuria en sus pupilas. Recuerdos de la fiesta de anoche vienen a mí mente. Sus labios aterciopelados besando mi cuello, dejando sus huellas. Sus manos recorriendo mi cuerpo.
De pronto, la imagen de Jordan se distorsiona dentro de mis pensamientos. Puedo sentir sus labios besándome, sus manos acariciandome, pero en cuanto mis ojos se abren y lo observan; el rostro de Demián está en dónde debería estar Jordan. Demián tocandome y besándome es todo lo que pienso y veo. Casi puedo oir sus reclamos, mientras azotaba mi culo. ¡Por dios! No podía estar extrañando sus dedos dentro de mí. Un escalofrío me recorre. Siento como mis mejillas arden y un cosquilleo hace arder mis piernas.
De inmediato, recobro la compostura. Meneando la cabeza de un lado a otro, vuelvo a mí realidad.
—Tendrá que ser luego. —Respondo, simplemente, esquivando el cuerpo de Jordan y metiéndome rápidamente a casa.
Le echo un último vistazo, antes de cerrar la puerta detrás de mí. Él bufa, rodando los ojos. Me echo contra la madera, cogiendome el pecho. ¡Este día ha sido agotador! Cerrando los ojos fuertemente, suspiro. Ya me he librado, ¿Verdad? De inmediato, echo un vistazo en la ventana del recibidor, escondiendome entre las cortinas; Jordan se ha metido dentro de su coche. El aire escapa de mi cuerpo en cuanto pone marcha. Estoy a salvo de tener sexo. Alex estaría tan feliz de que hubiese rechazado a Jordan.
—Se supone que yo iría a recogerte al instituto. —Aquella voz, madura, masculina y rocosa me hace girar inmediatamente, asustada. En cuanto lo veo, mi pecho comienza a latir desesperadamente. Demián me hace pegar un salto, cogiendome el pecho con recelo. ¡Él estaba espiandome! Me apoyo contra la puerta, recuperando el aire que me ha robado. Vaya susto que me he llevado.
Abro y cierro la boca repetidas veces, sin saber que decir, como una tonta. Él me observa con su típica sonrisa socarrona, aquella de dientes perfectos que solo expresaba un: "Mirenme, soy el dueño del mundo". Estaba burlándose de mí, como yo lo había hecho de él está mañana. Me muerdo los labios, rabiosa.
Antes de que mi boca pudiera abrirse diciendo todos los insultos que había estado guardandole a Demián en estos últimos segundos; un nuevo cuerpo fornido aparece detrás de él. Mis ojos van directamente a la persona que se posa a su lado, pero intento ignorar su rostro entre las penumbras; respondiendo a Demián.
—Has tardado tanto en aprender a usar el deportivo que te ha regalado mi madre... —Echo un suspiro dramático. —Ha sido más rápido pedir que otra persona me llevara a casa.
—¡Te está llamando viejo! —Aquel tío fornido, a un costado de Demián, suelta una carcajada que hace que la mandíbula de mi padrastro se endurezca.
—Callate, Daniel. —Demián bufa, notablemente molesto. Daniel, ¿Así es como se llamaba ese chico misterioso?
Él era muy guapo, un poco más bajo que Demián. De tez muy clara y cabello muy oscuro. Sus ojos eran azules como el cielo y sus pestañas eran largas y abundantes. Su rostro estaba adornado por pecas, las cuales podía ver con claridad desde mi sitio. Los biceps atravesaban su ropa, como si fuese a romperse con el más mínimo roce. Él era mucho más joven que Demián, me atrevería a decir que tenía unos 20 años como mucho. Era guapísimo. Todas las chicas del instituto se hubiesen enamorado perdidamente con solo verlo.
Mis ojos escanean los labios aterciopelados de Daniel. Él tuerce una sonrisa burlona, socarrona. Le devuelvo el gesto, mordiendome los labios.
Demián se cruza entre nuestras miradas, aclarandose la garganta ruidosamente.
—Será mejor que vayas a tu habitación... —Demián murmura, y se que solo yo logro oírlo. Elevó los brazos en señal de rendición, mientras arrastró mis pies hacia las escaleras.
—Soy Dafne. —Hablo animadamente, en cuanto mi cuerpo queda frente a frente contra el musculoso cuerpo de Daniel. Él no disimula. Sus ojos escanean mi rostro, mi cuello, mis pechos, hasta acumularse en mis piernas, visibles por aquella falda ridícula del instituto.
—Mucho gusto, yo Daniel. —Él sonríe, extendiéndome la mano. Se la cojo de inmediato y de reojo, puedo notar como Demián nos observa, enfadado. Sus ojos azules están más oscuros de lo habitual. Habría lanzado chispas de la rabia, de poder hacerlo. —No nos habían presentado, pero lo que he oído de ti, ha sido más que maravilloso.
—Soy perfecta. —Le doy una sonrisa arrogante. Daniel me devuelve el gesto, sonriendo con un felino. Demián me observa con los ojos entornados y sus manos me auyentan; su mirada echa fuego. Todo esto está molestándole. ¿Él estaba celoso?
Finalmente, me doy la vuelta, caminando escaleras arriba. Puedo sentir los ojos de ambos sobre mí. Sobre mis caderas, moviéndose de un lado a otro, mientras camino hacia arriba.
La estadía aquí será... Realmente divertida.