nosotros, de a poco, sin apuro, como me había prometido Emilio. Aprendí a conocerlos de verdad, más allá de esa fachada de guerreros fríos. Descubrí que Iván cocinaba porque de chico cuidaba a sus hermanos menores, y que le gustaba leer novelas viejas a escondidas. Descubrí que Emilio, el rudo, el que me decía gorda para molestarme, tallaba figuritas de madera en sus ratos libres, y que había tallado una loba pequeña que me regaló una tarde sin decir nada. -esto es... es Ruby? -Emilio: para que la tengas cerca mientras duerme. Así no la sentís tan lejos. Agarré esa figurita de madera y la apreté contra el pecho, y lloré, pero de esas lágrimas que limpian, no de las que duelen. Esa noche, por primera vez, no dormí sola en mi cuarto. No pasó nada, solo los invité a quedarse, y los tres dormi

