Sentí el fuego de Ruby corriendo por mis venas, empujando el veneno de la lanza, luchando contra la muerte que ya me estaba abrazando.Me paré, con la lanza todavía clavada, y Ágata abrió los ojos como platos, porque no esperaba que yo me levantara. -Ágata: imposible! Esa lanza mata a cualquier loba! -yo no soy cualquier loba. Me arranqué la lanza del cuerpo de un tirón, y el grito que solté fue mitad mío y mitad de Ruby, un aullido que hizo temblar el bosque entero. Mis ojos cambiaron al color de mi loba, y por primera vez en años, ella y yo éramos una sola, como siempre debió ser. No me transformé del todo, porque la herida era demasiado grave, pero la fuerza de Ruby me llenó, y me lancé sobre Ágata con la daga en la mano. Peleamos, y aunque yo sangraba, aunque cada movimiento era una tor

