Esa noche todo se movió rápido, las manadas se organizaron, los guerreros se reunieron, y yo, aunque no tenía loba, pedí un arma, porque no pensaba quedarme mirando. -Emilio: no vas a pelear. No tenés loba, sos vulnerable. -peleé en una guerra entera siendo cazadora, Emilio. Sé lo que hago. -Iván: es distinto ahora. Si te lastiman, no te curas rápido como nosotros. -y si me quedo escondida y ustedes se mueren, prefieren eso? Porque yo no. Se quedaron callados, porque sabían que no me iban a convencer, y al final Iván me dio una daga de plata, de esas que usan los guerreros de élite. -Iván: no te separes de nosotros. Prometelo. -lo prometo. El ataque llegó antes de lo que esperábamos, en la madrugada, cuando la niebla cubría todo el bosque. Los cazadores vinieron primero, con armas de plata

