Esa noche no dormí, aunque ellos me dejaron sola en la habitación, con la puerta cerrada pero sin llave, porque sabían que yo no iba a salir, o quizás porque sabían que en el fondo no quería. Me quedé mirando el techo, pensando en todo, en Philips, en mi matrimonio que era una farsa hermosa, en Ruby que dormía dentro de mí desde hace tanto que ya casi no la sentía. A la mañana bajé, con la cabeza que me explotaba y el maquillaje que ya ni existía en mi cara. En la cocina estaban los dos, tomando café, y también estaban Marlene y Jacinta, mis amigas, riéndose con Carlos y Pablo como si fueran una familia feliz. -hasta que despertaste, dormilona!-Jacinta: te trajimos ropa, no ibas a andar todo el día con ese vestido arruinado. -gracias, supongo. Me senté, y Emilio me pasó una taza de café si

