Alice... Mi primera masturbación propiamente dicha fue totalmente casual. Sucedió una tarde en que estaba en la ducha y comencé inocentemente a juguetear con mi vulva, haciendo que el agua caliente se deslizara por entre mis labios vaginales. Poco a poco fui sintiendo unas incontenibles ganas de frotarme mi v****a, hasta que llegué a descubrir que era el clítoris el punto más sensible. Al refregármelo logré un placer hasta entonces desconocido para mí, estuve largo rato entretenida en estos devaneos y la verdad es que lo disfruté muchisimo. Estos juegos se fueron haciendo cada vez más reiterados, pero no pasaban de hacerme sentir un gustito especial, muy agradable, pero nada que se pudiera considerar un placer arrebatador. Sin embargo todo cambio, en una oportunidad en que se celebró el

