Aurora No podía creer lo que estaba viendo. Eran dos bebés, dos bebés y uno de ellos tenía los dos ojos de diferente color. Era Iker. Iker e Ian habían nacido el mismo día, eran mellizos. No podia ser posible —Señora Mariana por favor no llore— Le suplico —Aurora no puedo olvidar ese día. Solamente pude verlo una vez, pude cargarlo una vez y me lo arrebataron de los brazos — Solloza con fuerza— Ni siquiera pude despedirme de mi bebé, de mi Iker, no me permiten visitar su tumba.A veces quisiera morirme junto con él. No puedo evitar compartir sus lágrimas no me imagino el dolor tan grande que podría sentir una madre cuando le quitan a su hijo. Yo me moriría del dolor si me quitan a mi bebé, no lo conozco aún, pero siento que ya es la mitad de mi vida. —Señora Mariana no entiendo cómo

