Punto de vista GASPAR El reloj del club marcaba las nueve y media. Afuera, la lluvia dibujaba surcos en el cristal mientras la ciudad se apagaba lentamente. Samuel entró sin llamar, con una carpeta bajo el brazo y la mirada de quien trae noticias que pesan. —Raúl acaba de confirmar desde Zúrich —dijo, cerrando la puerta tras de sí—. Las participaciones quedaron compradas esta mañana. Gaspar levantó la vista, apoyando los codos sobre la mesa. —¿A nombre de quién? —De la filial que Alicia abrió hace dos años, la que aún figura como parte del fondo familiar. Nadie podrá rastrear el movimiento… salvo que Octavio decida auditar personalmente. Gaspar asintió, pensativo. —No lo hará. No todavía. Le gusta creer que su control es absoluto. Samuel lo observó en silencio unos segundos. —Ali

