La sala del hogar de Shen se mantenía en silencio, solo con las palabras de Dalia haciendo eco por el lugar o mejor dicho en la mente de cada uno de los que allí estaban, hasta que al fin Lizbeth hablo. — No tenías derecho a ocultarnos todo esto. — la rubia vio a su hermano, sin terminar de comprender porque nunca les dijo nada. — No fue fácil guardar su secreto, pero yo no rompería su confianza, además… Dalia tenía miedo de lo que ustedes pudieran hacer y yo también, Dalia no es la única que está cansada de cuidar y solucionar problemas ajenos. — Bien, al menos tu ya no deberás preocuparte por nosotros. — Renzo giro sobre sus tobillos, lejos de ir a ver a su hermana comenzó a caminar hacia la salida. — ¿Qué piensan hacer? — indago Walter al notar que su hermana se dirigía a su habitac

