Cuando Gideon despertó, se encontró sosteniendo a Riannon en sus manos. Aunque era la mejor sensación del mundo, tener a su compañera tan cerca, tan apretada contra él. Había partes de él que estaban adoloridas. Literalmente. Él la quería. Mucho. No podía negarlo. Su erección la estaba presionando por la espalda, y todo lo que quería era voltearla y liberarla de su camisón endeble, que dejaba poco a la imaginación. Pero, él sabía que ese no era el camino. No en su situación. Su lobo, Mars, estaba volviéndose loco dentro de él, suplicando reclamar a su compañera. —Ella es nuestra. —Desafió él. —, ¿A qué estás esperando? —Ella aún no lo sabe. —Contradijo Gideon, teniendo que apartarlo. —, no podemos simplemente tomarla. No funciona así con los humanos. Si su lobo estuviera aquí, sería

