—¿Estás molesta? —No. —Sí lo estoy. —Sí lo estás Darren se acerca a mí, se apoya, a mi lado, en la barra de la cocina de la casa de Bruno. —No estoy molesta Darren, sólo un poco aturdida. Darren ríe, lo miro confundida —Es sólo que también estoy confundido, tú sabes más sobre mí, sobre mi relación con Daisy que cualquier otra persona. —¿Debo sentirme alagada por eso? —Eres imposible —Sonríe y empuja mi hombro con el suyo—. Cuéntame otro de tus malos chistes. —No. —¿Por qué? —Porque son malos, además ya me he humillado lo suficiente. —Son malos, pero son lindos. —Eres tan tonto. —¿Cómo está tu madre? —Se rinde y cambia de tema. —Está muy bien, se ve mucho mejor ahora. —Me alegro. —Darren —suspiro su nombre. —Dime —susurra con su voz un poco más ronca. —Puedes masajear el

