Daisy, disfrazada de ángel, se dirige hacia nosotros hecha una furia. Se ve como un demonio asesino blanco mientras paso a paso nos alcanza. Sus secuaces, tonta y re tonta, la siguen disfrazas. ¿Adivinen de qué? De ángeles negros. Nos alcanzan, su respiración agitada y su muy palpable ira la hace parecer un torro de corrida. Darren se desplaza a mi lado fingiendo una tranquilidad que no tiene. Tomo una respiración profunda tratando de prepararme psicológicamente para lo que viene. El trote de este “lindo” angelito y los gruñidos de animal que emite llaman la atención de las personas más cercanas a nosotros. Genial, tenemos una gran audiencia. —¿Se puede saber qué haces aquí con esta zorra? Valeee... al menos no me dijo cerda. —Estamos hablando Daisy ¿No veo el problema? ¿Hablan

