POR ÚLTIMO, TE DIRÉ - proseguí - que pienses menos en el amor, y pienses más en el éxito. Lo demás llegará por añadidura. Eloína me miró con ojos de admiración, no creía que yo, esa compañera de bachillerato estuviese logrando esas cosas que hablábamos en nuestros tiempos libres, mientras ella sostenía un cigarro, y tomaba una cerveza me miró a los ojos y me dijo: “Serás grande Rebeca, lo veo”. Aquello me causó una sensación de felicidad, y aumentó un poco mi ego. Mi amiga me reconocía ya como una persona exitosa, y eso para mí era un logro. Dentro de mis propósitos de vida también estaba ayudar a Eloína a cumplir sus sueños, aunque eso es una cuestión inherente a la persona. Yo esperaba y deseaba que ella también fuese una persona exitosa. Salimos de aquel bar, y empezamos a caminar por l

