UNA AMISTAD DURADERA

2792 Words
—¡Papá está casa es más grande que nuestra casa en Los Ángeles! —expresa Litzy mientras baja por las escaleras con sus hermanos. Hace como media hora llegamos a nuestra nueva casa en New York, mis hijos salieron corriendo por toda la casa para conocer y recorrer cada espacio de esta y al parecer ya terminaron. —Si, la piscina es más grande, tiene 10 habitaciones, un jacuzzi, un salón para eventos, la sala de cine es más grande y dónde debería estar un sótano tiene una cancha de baloncesto —informa Dexter. —Creo que está casa no tiene sótano pero si hay un gran ático, allí podemos guardar las cosas que no se usan —agrega Ashton. —Pues que bueno porque yo quiero guardar las fotos de cuando era bebé en el más profundo y oscuro rincón de esta casa, porque mamá luego se pone muy sentimental —expresa Sebastián. Escucho a todos hablar pero completamente desconectada de la conversación, mi mente está en otra parte, al igual que mi atención. —¿Mamá? —dice Litzy tratando de llamar mi atención. Volteo hacia y frunzo el ceño tratando de enfocarme. Aclaro mi garganta, —¿Dime mi amor? —¿Mamá por qué estás tan callada? —pregunta Sebastián —¿no te gusto la casa? —agrega Dexter preguntando. —No, si me gustó, solo me distraje observándola —expreso un poco nerviosa. —Pero desde aquí no podrás ver nada, ven vamos hacer un recorrido —dice litzy mientras toma mi mano y caminamos en dirección a las escaleras. Puedo sentir la mirada de Asthon sobre mi y al mirar sobre mi hombro lo veo mirándome fijamente como si estuviera analizando cada uno de mis movimientos. Su mirada casí nunca logra intimidarme pero en esta ocasión lo consiguió e inmediatamente quite mi mirada de la suya. Tiempo después de a ver recorrido toda la casa y de a ver escojido el que será el dormitorio de Ashton y mío, decido ir a comprar comida para llenar la alacena, mis hijos están en su habitación arreglando sus cosas y cuando estoy bajando las escaleras lista para salir, veo a Ashton recostado en la pared cerca de la puerta, tomando en un vaso de vidrio lo que parece ser vodka. Algo dentro de mi me dice que esta ahí esperándome. Empuño sutilmente mi mano izquierda dándome valor, camino mirando fijamente la puerta con la intención de ignorarlo y cuando pongo mi mano sobre la manija para abrí la puerta, Ashton coloca su mano sobre la manija para que y no pueda moverla. Lo miró con irritación, —¿Qué quieres? —Quiero muchas de ti, pero sé muchas de ellas son imposibles, sin embargo ahora lo único que quiero es andes con cuidado —empezó diciéndo— Porque si en Los Ángeles jamás te di la libertad de hacer lo que quieras aquí seré peor. —Si tratas de intimidarme sabes perfectamente que no lo lograrás —digo con firmeza. —No trato de intimidarte, lo que trato de hacer es decirte que de ahora en adelante tendrás un guardaespaldas —informa mientras abre la puerta y veo a un hombre alto y algo corpulento, con una expresión de pocos amigos y vestido con traje n***o, frente a nosotros. Miro a Asthon sin poder creerlo mientras él me mira con una pequeña sonrisa arrogante en sus labios. —¿Es en serio? —pregunto incrédula. —Así es mi amor, cuando estaba contratando el personal que trabajará en nuestra casa se me ocurrió contratarte un guardaespaldas, para que te cuide siempre que salgas de esta casa, así cuando yo no este, él será mis ojos. —Estas loco si crees que yo voy aceptar esto Asthon —expreso con enojo. —Es esto o no salir nunca de esta casa, ¿Cuál opción te gusta más? —preguntó mientras caminaba a mi alrededor para detenerse en mi espalda y susurra esa pregunta en mi oído. Su voz tan profunda y llena de seriedad invadió mis oídos haciendo me sentir un intenso escalofrío. Sin decir absolutamente salgo de la casa al mismo tiempo que el guardaespalda se hace a un para dejarme pasar para segundo después seguirme. El hombre no me deja conducir, claramente esas también son órdenes de Ashton, así que sin poder hacer nada me subo en los asientos de la parte de atrás del auto mientras el guardaespalda hace de mi chófer. —¿A dónde quiere que la lleve señora Reys? —pregunta con formalidad. —Sé que solo haces tú trabajo, pero te pido por favor que no me llames así, dime señora Stone o solo Amber —expreso enojada. —Como usted diga Señora Stone. —Gracias, y por favor me gustaría ir al centro comercial "The Shops New York" ¿Sabes si aún sigue abierto? —Si señora —afirma. —Entonces llévame ahí, por favor —expreso con sonrisa algo nostálgica, ya que a ese centro comercial solía ir con Irene y Vincent. Desde que me fui no he vuelto hablar con ellos, lo único que sé de ellos es lo poco que me contó mi madre la pocas veces que fue a visitarnos a Los Ángeles. Ella me dijo que Vincent e Irene se casaron, algo que definitivamente me sorprendió, porque aún recuerdo que peleaban más de 10 veces al día, me dolió mucho no estar en su boda y quise felicitarlos pero ya no tenía ninguna forma de comunicarme con ellos ni siquiera por las r************* , porque Ashton todo aparato eléctrico que sirva para comunicarme, lo tiene intervenido, además que tiene clave de todas mis cuentas. Y cuando intenté llamar a Irene usando el antiguo número que tenía cuando íbamos a la universidad, lo cual no sirvió de nada porque ya el número estaba desactivado, en fin que Asthon se puso como loco al revisar el historial de llamadas y ver el número desconocido. Mil veces le dije que era el número de Irene y que solo quería felicitarla por su matrimonio, pero Ashton no me creyó, además me dijo que de todos modos no me quería ver hablando con Irene porque según él, ella me había alcahueado a mi y a mi amante. Ya han pasado como 11 años de eso y desde entonces no e sabido nada más. Sin darme cuenta llegamos al centro comercial, el cual a simple vista ya se ve mucho más grande que hace 17 años. Entro acompañada del guardaespaldas y observo con una sonrisa todo el lugar, recuerdo todas las veces que Irene, Vincent y yo recorrimos todo este lugar haciendo compras o comiendo un simple helado o cuando veníamos a ver películas al cine. Mis ojos se tornan llorosos y bajo mi cabeza secando mis lágrimas mientras continúo caminando, me subo a las escaleras aún con mi cabeza enterrada en el suelo y de repente escucho que alguien susurra mi nombre a modo de pregunta. Levanto mi cabeza y volteo con suavidad hacia la derecha, pero no hay nadie a mi lado, sólo personas enfrente y detrás de mi y cuando volteo hacia la izquierda tampoco veo a nadie conocido, solo personas que van en las escaleras, las cuales van bajando. De repente escucho nuevamente a alguien decir mi nombre y volteo hacia atrás pensando que es el guardaespalda, pero también parece estar buscando quien es la persona que dice mi nombre. De reojo veo dos manos en el aire y cuando miro quiénes levanta su mano, mi corazón da un salto. —¡Si es Amber mi amor! —dice la mujer que aunque pasarán 50 años podría distinguir entre miles. Miro a la persona que está a su lado y una sonrisa gigante se dibuja en mi rostro. Ya es todo un hombre y ella es toda una mujer. Mis ojos se llenan de lágrimas y empiezo a bajar rápidamente las escaleras llevando la contraría a la dirección en la cual estas van. Cuando por fin logro bajar Irene me recibe con un gran abrazo y lágrimas en sus ojos. —¡No puedo creer que estes aquí! —exclama con llanto— ¡Te he extrañado tanto! —Y yo a tí, a los dos los he extrañado demasiado —contesto con emoción. Irene y yo dejamos de abrazarnos y luego Vincent me a abraza cargándome al mismo tiempo y dándome una vuelta. —¡Mi Amber! —exclama con emoción. —¡Mi Vincent! —expreso con alegría. Luego Vincent me deja nuevamente en el suelo e Irene nuevamente vuelve a abrazarme. —¡Estas hermosa mejor amiga! —Tu también, ambos están preciosos. Irene y yo dejamos de abrazarnos y de repente una expresión de enojo aparece en su rostro. —¡Más de 17 años sin saber nada de tí Amber! —Pensamos querías a nuestra boda, Irene y yo fuimos personalmente a casa de tus padres a entregarles la invitación para que te la dieran a tí —dice Vincent mientras rodea los hombros de Irene con su brazo. —Mi madre me lo dijo pero ustedes mejor que nadie conocen mi situación, yo de verdad intente contactarlo pero me fué imposible. —Nosotros creímos que después de tantos años las cosas habían mejorado —dice Irene. Suspiro, —No, pero no quiero hablar de eso ahora mejor cuéntenme como les va en su matrimonio, cuando me enteré no lo podía creer, ustedes dos eran como perros y gatos. Irene y Vincent se miran el uno al otro y se ríen. —Bueno ya sabes que del amor al odio solo hay un paso —expresa Irene. —Así es, además ella rogó demasiado —agrega Vincent. Irene le da un golpe en el estómago y mientras Vincent se queja a la vez empieza a discutir con Irene, empiezo a reírme al darme cuenta que estos dos no han crecido en lo absoluto y que aunque estén casados siguen siendo como perros y gatos. Llega un punto en que Vincent busca refugio escondiéndose en mi espalda. —Ya vez como ella sigue siendo tan agresiva —dice con su barbilla sobre mi hombro. No puedo parar de reírme mientras Irene voltea los ojos. —Ustedes dos jamás crecieron, ¿No? —digo entre risas. Irene me abraza, —Es que no te teníamos a ti para ponernos los pies sobre la tierra. Sonrió y unas lágrimas se escapan de mis ojos. Tiempo después Vincent tuvo que irse por cuestiones de trabajo, Irene me ayudó a hacer mis compras y decidí ir a su casa, sabiendo perfectamente que Ashton pondría el grito en el cielo en cuanto se enterará. Pero para eso me puso un guardaespaldas, ¿No? para vigilarme y asegurarse que no me encuentre con mi supuesto "Amante" Al llegar a casa de Irene, ella le pide a una de sus empleadas que nos lleve algo de café al jardín y de paso pregunta por un niña llamada Tatiana y le dijeron que estaba en el jardín trasero, metida en la piscina. Mientras Irene y yo caminamos hacia allá, se me ocurre preguntarle. —¿Quién es Tatiana? —Es mi hija, tiene 16 años, es hermosa pero es toda una loquita —expresa con una sonrisa. Le sonrió igual pero a la vez no puedo evitar preguntarme cómo puede ser posible que Irene tenga una hija tan grande si se supone que se casó con Vincent hace 11 años. Antes que pueda hacer otra pregunta, llegamos al jardín y veo una hermosa adolescente de cabello rizado, con la piel de un tono parecido al de la canela. La chica está sentada en el borde de piscina y cuando ve a Irene se levanta y corre hacia ella. —¡Mami te esperando! —exclama mientras abraza a Irene. —Hola mi amor, ¿Cómo estuvo tu día? —le pregunta Irene. —Aburrido —expresa volteando los ojos— Tanto así que hasta ganas de volver a clase me dieron. Sonrió al escuchar esa expresión dicha por la hija de Irene, porque inevitablemente me hizo recordar a Dexter. Sonríe, —Bueno te prometo que más tarde vemos una película pero ahora déjame presentarte a Amber y Amber ella es mi hija Tatiana. Tatiana me sonríe, le extiendo mi mano, ella la toma y me da un beso en la mejilla. —Mi mamá me a hablado mucho de tí y me a dicho que eres como mi tía —expresa con emoción. Sonrió, —Claro que si, tu madre es como una hermana para mí, así que tú vendrías siendo mi sobrina. —Bueno Tía Amber, eres muy bonita. —¡Y tu eres presiosa! —exclamé. —Bueno señorita, ve a bañarte y mira en tu habitación, Lina debió dejarte unas bolsas ahí —comunica Irene. Tatiana sonríe emocionada, —¿Es lo que estoy pensando? ¿Por fin papá dejo que me lo comprarás? —Vez y averígualo por ti misma —responde Irene. Tatiana león vs le mejilla y sea corriendo hacia la casa. —Solo es un vestido, Vincent no quería comprarselo porque para él es muy corto, hasta que por fin lo convencí, pero bueno mejor vamos a sentarnos. Asiento y caminamos hasta un mesa pequeña con cuatro asientos. Al poco tiempo nos traen el café que irene pidió y empezamos hablar. —¿Y cómo va tu vida cómo madre? —me pregunta Irene. Sonrió inmediatamente, —Bueno te cuento que tengo tres hijos. Me mira sorprendida, —¿¡Tres!? Pero si te fuiste con uno solo en la panza. Sonrió, —Bueno obviamente primero tuve uno y después los demás. El mayor se llama Sebastián, tiene 17 años como debes de imaginar, y los otros dos son gemelos y tienen 16 años, uno se llama Dexter y la otra Litzy Susan. Irene sonríe al escuchar segunda nombre de Litzy, el cual claramente le puse por mi nana Susan. —Me encantaría conocerlos —expresa con una sonrisa. —Ya ni me encantaría que los conocieras, son mejor que me a pasado en la vida y no podría ya vivir sin ellos, es más te enseñaré una fotos de ellos —digo colocando la tasa de té sobre la mesa y empiezo a buscar en y bolso mi celular. En cuanto la encuentro desbloqueó la pantalla, busco en mi galería las fotos que tengo de mis hijos y se las muestro a Irene. —¡Son preciosos e idénticos a Asthon! —expresa sorprendida. Doy un largo suspiro, —Si, son idénticos a su padre —susurré. Irene siendo mi mejor amiga y la persona que mejor me conoce inmediatamente se da cuenta que algo no está bien. —Recuerdo que antes de irte, la última vez que hablamos me dijiste que Asthon pensaba que él no era el padre de Sebastián, tu hijo mayor, ¿Actualmente sigue pensando lo mismo? —Si —digo con tristeza. —Pero según lo que me muestras sebastián se parece muchísimo él, ¿Acaso él no se dado cuenta de eso? —El odio lo tiene cegado —expresé suavemente y respiré profundo llenándome de valor— Mi vida al lado de Asthon a sido un infierno Irene —expreso con cansancio mientras una lágrima sola recorre mi mejilla— lo único que me da fuerza son mis hijos, si por ellos si no fuera por ellos yo creo que ya me hubiese muerto, tal vez debí huir en el momento que supe que estaba embarazada, pero tuve amenaza de aborto y no quería poner en riesgo la vida de mi hijo, pero tal vez intentarlo, así tal vez hoy estaría lejos de él. —Las cosas entre ustedes iniciar un muy mal era obvio que así iban a terminar. Es que si hubieses dicho qué te ibas a escapar con... —Irene no termina la oración y sólo me queda mirando. —Si te hubiese dicho que me iba a escapar con Elián seguramente nos hubieses ayudado y tal vez las cosas hubiesen salido mejor, pero las cosas nunca tuvieron el destino de terminar mejor. —Elian y tú se amaban mucho... —expresa con tristeza. Una pregunta empieza a rondar mi cabeza desde que vi a Irene y a Vincent esa pregunta rondó mi cabeza. Reúno todo el valor y decido preguntárselo. —Irene ¿Qué sabes de él? ¿Lo has vuelto a ver? ¿Sabes algo de Elian? —pregunto con nerviosismo. Irene me mira fijamente mientras yo espero ansiosa su respuesta, tal vez no debí pregunta pero ya lo hecho, hecho está, ahora debo afrontar cualquiera que sea su respuesta.
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