─Corderito pervertido ─murmura él, al ver mi rostro junto a la sonrisa. ─Eres quien me hace pensar así, eres el culpable de mi deseo inevitable ─declaro, llamando su atención, Max afloja su corbata y sujeta mi mano, apretando su cejo. Arrastro mi sonrisa hacia Gato, quien yace dormido dentro de su trasportín, sin percatarse de que hemos vuelto a nuestro lugar favorito…junto a la bestia. Cruzamos la puerta de la mansión, y dejo salir a Gato, quien estira su cuerpo, siguiendo a Alfred. Miro a mí alrededor, sintiendo que muchas cosas han cambiado en mi ausencia, menos la intensidad de la iluminación interior. Subo las escaleras para asearme, mientras que mis luceros se quedan en el magnate de ojos enigmáticos, quien suelta mi mano luego de besarme la mejilla para caminar hacia la bibliotec

