Maximiliano, toma una bocanada de aire, y escucho su suspiro, cuando bota el aire. Hago lo mismo, sin despegar mis pupilas de él. ─¿Cuándo…comenzaste con las fobias? ─Pregunto, en un arrebato de confianza. Recuerdo que enfrentarse a los miedos es la mejor terapia que existe y hablar de ellos, es una. Él aprieta mi mano y noto cómo su cuerpo se tensa. Aclara su garganta, para remojar sus labios y separarlos para seguir respiración, solo que esta vez, su pecho sube y baja con ofuscación, al recordar lo que lo mantiene encerrado en este lugar. ─El día…de la muerte de mis padres, fue ese día…estaba oscuro y llovía…mucho ─balbucea, apretando más mi mano. Mi corazón late con fuerza, al sentir cómo su presencia es pesada y muy perturbada cuando habla del dolor. ─La cicatriz, en tu espalda

