Maximiliano El enfurecimiento y la ofuscación, comienzan a aglomerarse en mi interior, mientras que Alfred me observa, caminando de un lado a otro, tratando de abrirle un hueco al piso con mis pasos. ─Señor…¿Está molesto por el mensaje que le leí? ─Cuestiona, con cierta preocupación. Detengo mis pasos, encarándole. ─Me dijo que era un idiota y un insensible al enviarla lejos de mí…pero eso no me molestó ─digo, tragando con dificultad, porque al contrario, me llegó a excitar la posibilidad de acallar sus insultos con gemidos─. Franchesca tenía un solo trabajo, y decidió llevársela de fiesta, y que muchos hombres quisieran bailar ¡Con mi corderito! ─Exclamo, molesto y fuera de mis cávales al sentir cómo mi corazón late con fuerza. ─Señor, ¿son celos? ─Pregunta sin tapujos, llamando

