El pánico recorre mi cuerpo, tomo una bocanada de aire, observando las miradas de los de seguridad, que deciden ignorarme. Arrugo el cejo ante lo extraño que ha sido eso «¿Cómo es posible, cómo pudo entrar sin que nadie se percatara? ¡En nuestras propias narices!» Pienso, acribillándome la mente ante las posibles razones de que nuestra seguridad haya fallado. ─Ayuda… ─gruño, con dificultad por el miedo en mi voz. ─Créeme, ha sido difícil, poder comprar a tu seguridad corrupta…aunque solo los oficiales que no quisieron, están atados en el bosque, pero, heme aquí…irrumpiendo el hogar que debió de ser mío ─menciona en mi mejilla provocándome repulsión por cómo su aliento caliente palpa mi piel. Mi pecho sube y baja por los jadeos, al sentir la punta de lo que parece ser una navaja punzar

