Trago con dificultad, cuando él hace ademán de irse. Coloco mi mano en su brazo, deteniéndole. ─No estoy mintiendo…y no deberías de huir ─digo, sintiendo el nudo en mi garganta. Él esboza una sonrisa sardónica, mirándome. ─¿Por qué no debería de huir? Si deseo que tengas…un maldito cuento de libros, los de romance, que tanto te gustan, te mereces algo así…no una bestia que no puede controlar sus miedos ─manifiesta, sus fosas nasales se expanden por la bocanadas de aire que toma con ofuscación. Alejo mi mano de su brazo, dejando una sensación en mi palma indescriptible. Coloco las manos en puños, afirmando mi postura para encararle. ─No puedes huir…porque somos adultos y no podemos hacer eso, nosotros luchamos, peleamos, discutimos, dialogamos o follamos para resolver los problemas,

