─No ha sido el mejor ánimo del señor, pero ha salido de la habitación. Tomémoslo como algo positivo ─anuncia Alfred, apretando una sonrisa, para intentar no hacerme sentir mal. ─Que patán ¿qué fue eso? ─Inquiero, ofendiéndome. Camino a pisotones hacia el comedor. ─Seño… ─¡Tú! ─Exclamo, al entrar, señalándole. El magnate, sonríe, sacudiendo la servilleta y colocándola en su regazo─. Alfred hizo algo lindo por mí, no tergiverses las cosas, insinuando algo que no es ─espeto, sentándome en la silla. La sonrisa se borra de su semblante. ─Enhorabuena, deberías de llamar a tu amigo ─manifiesta de repente, abro mis ojos, ya que sigue con su prepotencia. ─¡Tú eres mi amigo! ─Exclamo, él abre sus ojos, sorprendido. ─¿Lo soy? ─Inquiere, alzando su ceja. Trago con dificultad, sintiéndome ob

