Capítulo VI

2195 Words
- Lo has facilitado un poco —Sophie apoyó sus manos en una mesita para mostrar su trasero. Separó sus nalgas y con un dedo acarició su entrada— No hagas eso, harás que… —Sophie insertó un dedo.   Bruno se levantó rápidamente, apartó su dedo, lamió su ranura e insertó su lengua con rápidos movimientos. Sophie separó más sus nalgas para darle mejor acceso. Ella gemía satisfecha con lo que él hacía. Levantó una pierna y él insertó un dedo, Lo miró de reojo y sonrió. Bruno se puso de pie y penetró bruscamente su culo dándole fuerte embestidas. Sophie emitió un grito de dolor pero luego gemía de placer con cada golpe.   ******************************   En otro punto de la cuidad, Álvaro no dejaba de pensar en lo que su madre le había dicho. Preparó un vaso con Whiskey y lo tomó en un solo trago. Ni siquiera sintió el calor en su garganta, estaba furioso. Quería saber lo que su padre había hecho en su ausencia. Dejó la botella y caminó al garaje. Iría a la casa de Sophie a buscar las respuestas y ella no podría hacer nada para evitarlo. Miró la hora, eran casi las once de la noche y no se sentía cansado.   Salió tan rápido como las velocidades del auto se lo permitieron, parecía un demonio al volante. Pasó por alto un par de luces rojas, no le importaba si la policía lo detenía, pagaría la multa y listo. Su corazón latía con fuerza, pensar en ella le emocionaba. Había soñado muchas veces con verla nuevamente, pero nunca imaginó que no la reconocería al tenerla frente a él.   Llegó a la casa de Sophie y se quedó parado frente a la puerta, algo le perturbaba. Las luces estaban apagadas y no escuchaba ningún ruido. Decidió poner en práctica sus viejas costumbres, abrir la puerta cual ladrón. Al entrar, el silencio reinaba. Se adentró más en el lugar y escuchó el murmuro de unas voces, provenían de la habitación de Sophie, así que decidió acercarse a escuchar lo que sucedía.   La puerta estaba abierta en su totalidad, por lo que guardó distancia para no alarmar a nadie. Pudo reconocer la voz de ella pero se sorprendió al escuchar una voz masculina. Sintió celos y casi entra a la habitación dispuesto a matarlo a golpes pero se detuvo al escuchar lo que ella le decía.   - No seas tonto Bruno —Dijo entre risas— Tu mente ha distorsionado las palabras de tu esposo —Álvaro entendió que el hombre que acompañaba a Sophie era gay— Él lo que quería decirte era que se mudaría a Chicago durante unos meses hasta encontrar el lugar ideal para ambos, pero como tú eres un drama ambulante… —Hizo una pausa— Pues, lo mandaste a volar más alto que bola en jonrón.   No quiso escuchar más la conversación, parecía una conversación que él no debía escuchar. Se fue a la cocina y desde allí, marcó su número, pero ella lo ignoró. Marcó unas tres veces más pero la respuesta era la misma. Nada.   Sophie, en la habitación, miraba el teléfono pero no quería saber lo que él tenía para decir. Molesta, se levantó y salió de la habitación disculpándose con su amigo. Entró al baño, lavó su rostro y salió en dirección a la cocina. Al llegar, cubrió su boca para no gritar. Se había topado con su jefe y lo peor, ella estaba desnuda delante él.   Al verla, Álvaro detalló cada parte de su cuerpo y la guardó en su memoria. Luego recordó que en la habitación había un hombre con ella y su rostro se tornó serio, estaba celoso. Ella, sin ninguna vergüenza, colocó sus manos en su cintura dispuesta a reclamarle.   - ¿También entra sin permiso en la casa de sus empleados? —Murmuró molesta. - Me preocupé al no tener respuesta de su parte —Se justificó él— Vine hasta acá y al ver todo en total oscuridad, temí lo peor. - ¿Se preocupó por mí? —Dijo ella con sarcasmo— ¡Ay! Pero que considerado es usted —Se hizo a un lado y señaló la salida— Estoy bien, ahora puede irse —Él no se movió. Ella llevó un dedo a su frente y lo miró— Y por cierto, mañana renunciaré a mi cargo en su clínica. - No la aceptaré —Dijo tajante—  Su trabajo es muy importante para la clínica —Sophie levantó una ceja— Necesito su ayuda, estoy seguro que puede cumplir su puesto sin problemas. - ¿Mi ayuda? —Se acercó a él y éste tragó saliva al ver su pálida silueta acercarse— ¿Acaso cree que puedo trabajar muy tranquila sabiendo lo que sé sobre usted y su familia? - ¿Y qué es lo que sabe sobre mí? —Álvaro se sentó en uno de los bancos junto a al pantry. - Sé que usted me “eligió” para ser su juguete cuando apenas era un bebé recién nacido —Hizo una pausa— Al menos le agradezco que no abusara de mí. - ¡No soy un maldito pedófilo! —Hundió sus cejas— ¿Por quién me toma? - No lo sé, dígamelo usted —Cruzó sus brazos debajo de sus senos— Porque mi padre, desde luego, apoyó su aberrante idea, de paso, asesinó a su padre lanzándolo por la ventana de su oficina. Por esa razón, mandó eliminar las ventanas. No quería un recordatorio. - ¡Eso no es cierto! —Espetó— Yo no lo asesiné. - Claro que lo es —Sophie se acercó a él desde el otro lado del pantry— Usted se lo dijo a mi padre —Él golpeó la superficie del pantry con fuerza. - ¡Yo no lo maté! - ¡Por supuesto que lo hizo! —Murmuró mirándolo a los ojos— Usted lo mató porque él quería quitarle lo que reclamó como suyo —Álvaro levantó su mano e intentó darle una bofetada pero ella permaneció inmutable mirándole fijamente. Bajó su mano y la observó con rabia. - No caeré en su juego absurdo —Se enderezó en su puesto y acomodó su camisa— Yo no he hecho tal cosa. - Bien, fingiré que le creo —Rodeó el pantry para acercarse a su jefe— Ahora, dígame usted, señor De la Vega ¿para qué buscaba a mi padre? —Él miró su cuerpo desnudo y volteó a mirar a otro lado para evitar la tentación de tocarla. - Lo buscaba para que me dijera en mí cara lo que mi padre te hizo —Fijó su mirada en la de ella— Lo que mi padre se atrevió a hacerte en mi ausencia pero, si él ya no puede hacerlo... —Hizo una pausa— Dime ¿Qué te hizo mi padre? - Abusó de mí —Dijo tajante. Álvaro elevó ambas cejas sorprendido— Aunque sólo lo hizo con su boca y sus dedos porque no se le paró ni un centímetro —Se burló. Él hundió sus cejas y su rostro se enrojeció por la ira. - ¡Ese bastardo! —Golpeó de nuevo el pantry y se levantó— Maldita rata, ¿Cómo pudo hacerme eso sabiendo lo que tú significas para mí? —Se giró y tiró de su cabello con fuerza gruñendo de rabia— Espero se esté revolcando en su tumba. - No lo creo —Sophie caminó al living y se acostó en el sofá, colocando un pie sobre el respaldo del mismo. Álvaro desvió de nuevo la mirada. - Sophie —Pasó una mano por su cara— Por favor, cubra su cuerpo. - ¿Por qué debería hacerlo? —Ella se sentó. - Por decencia y por respeto a mi persona, No olvide que soy su jefe. - A fin de cuentas también es mí prometido ¿cierto? —Él la miró perplejo. Sophie se levantó del sofá y se acercó a él cual gata sigilosa— Esa parte me la ha contado mi madre. La recuerda ¿Cierto? - La recuerdo muy bien… - Y aun conociéndome desde pequeña —Ella colocó sus manos sobre los brazos de él— ¿Me tienes miedo? —Él se apartó. - No es miedo —Caminó a la habitación para buscarle algo con qué cubrirla, ella lo siguió— Sólo te vi en dos ocasiones, y en ninguna de ellas estabas desnuda. - Al menos dime la fecha en la que legalizaremos nuestro teatro —Se burló de él. Él se giró bruscamente haciendo que ella chocara contra su pecho. - Para mí, tú no serás mi esposa —Ladeó una sonrisa— Sólo serás una simple puta a la que me cogeré y torturaré a mi gusto y antojo —Ella hundió sus cejas confundida. Él deslizó su mano por su mejilla y luego apretó su cuello con fuerza— ¿Crees que casándote conmigo vas a ser una esposa modelo con todos los derechos? —Se rió a carcajadas— No serás más que un muñeco ante la sociedad y una gran zorra en la privacidad, justo como lo haces ahora —Ella le propinó un rodillazo en la entrepierna haciendo que la soltara. - ¿Tú me someterás a mí? —Ésta vez ella rió a carcajadas, pasó a un lado y, desde atrás, metió su mano entre sus piernas para apretar con fuerza su m*****o. Él intentó soltarse pero no tenía la ímpetu— Ya lo vez querido, aquí, la que reina y la que manda soy yo ¿Lo has entendido? —No obtuvo respuesta. Apretó con más fuerza aún su m*****o y él cayó de rodillas apoyándose en sus manos— Te hice una pregunta. - Si —Jadeó— Te escuché. Suéltame. - No respondiste —Apretó con más fuerza. - Si señora, usted mandará, ahora ¡suéltame! - Dilo como se debe… - Por favor, suéltame —Rogó. Ella lo soltó y le propinó una patada en las nalgas para hacerlo caer al suelo. - ¿Sabes? —Se mantuvo de pie a su lado, conservando la distancia para evitar que el contraatacara— Siempre quise hacerle eso al bastardo de tu padre pero, confieso que me regocija mucho hacértelo a ti —Él la miró con rabia— No me mires así. Soy el resultado de lo que tu padre creó aquel día. - Ya veremos quién será el que mande —Se arrodilló en el suelo para levantarse y ella se acercó para frotar su clítoris contra su boca. Lo sujetó del cabello para evitar que se apartara. - ¡Vamos! Saca tu lengua y lame lo que, según tú, te pertenece —Aceleró su movimiento— ¿No la quieres probar antes de tomarla legalmente? —Él intentó apartarla pero, cuando la alejaba, ella volvía a pegar sus labios inferiores contra su boca.   Álvaro, sintió su m*****o endurecerse, comenzaba a molestarle el pantalón. Se dejó llevar por ella, sujetó sus nalgas con fuerza y sacó su lengua para probarla, hacía tiempo que lo imaginaba, sólo que ésta vez tenía a la verdadera Sophie frente a él. Al sentir sus caricias, ella jadeó y clavó sus uñas en su cabeza, él se quejó pero continuó degustando esa deliciosa cavidad. Luego de unos minutos, ella se apartó y lo miró con la respiración agitada.   - Puedes largarte de mi casa —Sophie apuntó a la puerta de salida y él la miró molesto— Es una orden —Masculló con rabia. - No pensarás dejarme así —Sacó su m*****o y lo acarició— ¿o sí? - Sí lo haré —Volvió apuntar a la puerta— Vete. Por la mañana tengo que trabajar —Álvaro, de mala gana caminó, pero se detuvo. - Primero debo decirte algo —Se acercó despacio a ella sujetando aún su m*****o, la miró fijamente y se masturbó rápidamente, al sentir que eyacularía la agarró por el cabello, la lanzó al suelo, la obligó a mantener la cabeza hacia atrás, ella levantó la mirada y él la cubrió con su semen— Que lo disfrutes. Hasta mañana.   Sophie permaneció en el suelo durante unos minutos, se sorprendió con la osadía de Álvaro y eso le gustó. Ella era dominante, pero verse dominada por algunos segundos le causó un ligero placer. Luego pensó en que si en verdad su relación con Álvaro llegara a formalizarse entonces ella sería la dominada y no la dominante. Eso no le gustaba. Deslizó un dedo por su mejilla y probó su semen. Le gustó su sabor, limpió el resto. Tomó una ducha y se acostó a dormir.   Una sensación placentera despertó a Álvaro, abrió los ojos y visualizó unas caderas subiendo y bajando en su m*****o con gran avidez. Imaginó a Sophie y la chica sobre él apresuró sus movimientos al sentir su m*****o tan endurecido. La tumbó a un lado y se posó sobre ella dándole fuertes empellones. La chica chilló de placer rogando, casi a gritos, por más.
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