Sophie despertó sintiendo un ligero calor en una de sus mejillas. Movió su cabeza y notó que no era una superficie de tela sino piel, piel humana. Levantó la cabeza despacio, se sentía agotada, le dolían su clítoris y sus pezones. Miró a su alrededor y se di cuenta que estaba acostada sobre la alfombra del living y, a su lado, estaba Álvaro. Se sentó y lo miró. No estaba desnudo, pero podía notar la erección en su pantalón. Deslizó su mano para sentirlo, estaba tan duro que no se dio cuenta en qué momento comenzó a desearlo en su boca. Sacudió ese pensamiento y se puso en pie. Caminó a la cocina para programar la cafetera. Fue al baño a tomar una ducha relajante. Era sábado, no tenía nada que hacer. Secó su cuerpo y lo cubrió con un viejo camisón. El olor de café impregnaba el luga

