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1455 Words
Alexa. No, no y no. Esto no está pasando. Busco entre mis cuadernos sin éxito, todo el suelo de mi habitación está forrado con mis cosas, ropa, libros, papeles, mientras más desorden hay en mi habitación, más desespero comienzo a sentir. Puedo escuchar como la puerta se abre detrás mío mientras sigo lanzando libretas sin fijarme en donde caen, jamás me había pasado algo como esto, ¿por qué ahora? ¿por qué esto? —¡Woah! Alexa —me llama Gerardo preocupado detrás mío y bufo irritada, su presencia es lo menos que necesito ahora—, ¿estás bien? —¡Claro que no estoy bien — le grito furiosa volteando a verlo, viene acompañado de Lila y Paola, que miran mi habitación con sorpresa, lo cual no juzgo, es un cuarto con temática de princesas. Mis paredes son de color rosa pastel y todos mis muebles son de color blanco, desde mi pequeño tocador donde guardo mi cepillo y ligas, hasta mi escritorio junto a mi librero, el cual está patas arriba en estos momentos, producto de mi desespero. Mis dos amigas no dicen ninguna palabra, como si estuvieran procesando lo que sucede, por otro lado, Gerardo está apretando los labios y juntando sus manos, en un intento de encontrar las palabras correctas. —Tu madre nos llamó, dice que ha escuchado mucho ruido desde hace rato —dice Gerardo y ruedo los ojos antes de agacharme al suelo para buscar debajo de mi cama—. ¿Puedo preguntar qué buscas con tanta desesperación? —Mi diario —respondo levantando mi cabeza para verlos, los cuales intercambian una mirada incrédula ante mis palabras. —¿Tienes un diario? —me pregunta Lila en tono burlón, rompiendo el hielo, ganándose un empujón de advertencia por parte de Gerardo, que trata de sonreír sin mucho éxito. —Si, tengo un jodido diario— respondo con ira—. Mi madre me lo regaló, ahora, si me disculpan, voy a seguir buscándolo, ya que si no lo encuentro, voy a enloquecer.  —Bueno, que muy cuerda tampoco estás —responde Gerardo en tono burlón, causando que le lance mi almohada con todas mis fuerzas, sorprendiéndolo por el golpe. —¡No ayudas, Gerardo! — gritó furiosa y él sostiene la almohada en sus manos, con una expresión divertida en su rostro por mi reacción—. En serio, no necesito tus burlas ahora. Necesito mi diario, es... es muy importante para mí. Sin darme cuenta, estoy sentada sobre mis piernas, llorando de la frustración que siento en este momento. Mis amigos intercambian una mirada entre sí antes de caminar hacia mí, tratando de no pisar ninguna de mis cosas, algo que agradezco. Mis dos amigas se sientan a mis lados y me abrazan, haciendo que suelte un suspiro antes de volver a soltar lágrimas sin control, Gerardo solo se sienta frente mío, mientras me mira con expresión preocupada. —Desde que mi padre murió, siento que no tengo el control de nada —le digo a Gerardo y él toma mi mano para darme ánimos—. Sé que es un poco tonto ponerme así por un cuaderno, pero... me siento más tranquila cuando escribo en él, como si pudiera, de alguna forma... —Ya —me dice Gerardo apretando mi mano haciendo que se detengan mis sollozos—. No necesitas explicarnos nada, Doble A. Te ayudaremos a buscarlo. —Sí, mira, cuatro personas son mejores que una —dice Paola meciéndome un poco hacia los lados. —¿Cómo es tu diario?— me pregunta Lila, dándome un beso en la mejilla, en un intento de hacerme sentir mejor. —Es un cuaderno café tipo francés, con dos A hechas de fomi color rosa con diamantina— respondo suspirando, nunca creí depende de algo tan simple como ese cuaderno. —Creo que lo he visto —dice Lila y la miro llena de esperanza—. Lo llevas de vez en cuando a la escuela, ¿no? —Mierda —susurro y cubro mi cara con mis manos, negándome a esa simple posibilidad. De pronto, el peor de los escenarios se reproduce en mi cabeza, uno donde alguien curioso encuentra mi diario y lo lee, leyendo mis secretos, mis deseos, mis lamentos. La posibilidad de que, tal vez no pueda recuperarlo. Cuando menos lo espero, me estoy hiperventilando, mis amigos me comienzan a lanzar aire con lo que encuentran, mientras Gerardo me pide que recuerde respirar, diciéndome que todo está bien, aunque él no pueda estar tan seguro de ello. Que lo encuentre alguien respetuoso que no lo lea, por favor, fuerza divina que esté allí viéndome y riéndose de mí, que lo encuentre alguien que entienda que es un diario y respete mi privacidad, por favor. —Anda, respira, tranquila —me trata de tranquilizar Paola mientras tengo una mano en mi pecho sintiendo como se me sale el corazón. Suelto una especie de aullido frustrado y me meto debajo de la cama, con la esperanza de encontrarlo allí, pero es inútil, solo me estoy llenando de polvo porque mi diario no está en mi habitación, eso lo pude saber desde que no lo encontré en mi mochila ni en mi escritorio, solo me quiero aferrar a mi estúpida negación ya que la realidad es terrible. —Vaya, pero que nunca la había tan preocupada por algo o alguien —bromea Lila mientras yo trato de de ocultar todo mi cuerpo debajo de mi cama. —Alex— me llama Gerardo con voz suave—. Siento ser yo él que te lo diga, pero creo has perdido tu diario en la escuela. —No es cierto —me quejo con voz débil, provocando las risas de Lila y Paola, solo para oír como Gerardo las regaña por medio de susurros. Pongo mi cabeza en el suelo en signo de derrota, toda cansada de la frustración que me domina desde que llegué a casa y me di cuenta que mi  diario no estaba ahí. A este punto, ni siquiera recuerdo que quería escribir en él, supongo que tenía que ver con Saúl siendo raro y su operación amistad, que hoy incluyó tratar de caminar conmigo hasta casa. Cuando comienzo a sollozar, de la frustración, mis amigos se las arreglan para jalarme de los pies para que salga de debajo de la cama, pero yo estoy resignada, jamás volveré a ver mi diario. —Venga, hay que ver unas películas para que te relajes —me dice Gerardo con una sonrisa mientras cubro mi cara con mis manos—. Mañana iremos a prefectura y preguntaremos si alguien lo dejó en objetos perdidos, o si quieres, podemos pedirle ayuda a tu amigo Saúl para encontrarlo, él conoce mucha gente, alguien debió haberlo visto. —No quiero que Saúl sepa que tengo un diario —me quejo en voz baja mientras mis amigos discuten entre sí sobre lo terca que soy. —De acuerdo, pero pensaremos en algo —dice Gerardo y quito mis manos para ver su brazo estirarse hacia mí—. Vamos a encontrar tu diario, ¿está bien? No tienes que preocuparte por nada. —Gracias —respondo en voz baja mientras tomo su mano—, si quieren vayan bajando, yo quiero limpiar esto. —Te ayudaremos —anuncia Paola sonriéndome y asiento, mientras, entre mis tres amigos y yo logramos darle un poco de orden a mi habitación. Después de eso, bajamos a la sala a ver un maratón de películas, que no ayudó a subirme el ánimo ya que mis tontos amigos decidieron usar el tema de "diarios" como tema de la maratón. Aunque fingí que estaba bien, ya que, después de todo, mis amigos tienen buenas intenciones... o eso creo. A la mañana siguiente, me fui temprano a la escuela, dispuesta a interrogar a cualquiera por conseguir mi diario de vuelta, cuando me di una vuelta rápida por prefectura. Los objetos perdidos siempre se entregan a ese lugar, yo siempre lo hago, espero que mis buenas acciones pasadas, me permitan tener derecho a recuperar mi diario. —Buenos días, quería saber si nadie había dejado aquí un cuaderno café tipo francesa con dos letras A color rosa— le digo a la secretaria, que me mira con aburrimiento para buscar entre una caja donde guardaban todo. Después de los segundos más eternos de mi vida, ella saca mi precioso diario, dejándome soltar un suspiro que retenía desde ayer. —Tienes suerte, lo acaban de dejar hace una hora— me dice, después de firmar unos papeles, me pude llevar mi diario sintiendo que respiraba otra vez. Me alegro que al fin se haya acabado esto.
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