Un Nuevo Juicio sin Fundamento

1008 Words
Innumerables Electric y humanos salían de sus escondites al haber concluido el peligro. El escenario no era nada agradable: más destrucción y guerreros golpeados. No solo eso; la Zirconia Eléctrica había sido robada, Alexa, la Nighter hermana de Andrea había revelado su verdadera cara, la princesa Daphne seguía desaparecida y, para culminar, Jaen había estado a un paso de unirse a las filas de Anabelle y traicionar a su gente. –Todo esto es demasiado para mí. ¿Cómo podemos confiar en Andrea? –John miraba a la Nighter con cuidado. –No tenía conocimiento de nada de esto, Su Alteza. ¡Lo juro! –La peliblanca parecía triste y aterrada. No existía garantía de que le creyeran. –No tenemos forma de creerte, Andrea. –Mary hablaba con firmeza–. Si Alexa traicionó a su gente no podemos confiar en ti. –¿Acaso puedes decir que hacías durante el ataque? –Esta vez fue Robert quien interrumpió–. Solo apareciste con Aneus en los brazos. ¿Cómo sabemos que no está bajo un efecto del Cuarzo de la Noche? –Ya se los he dicho. –Andrea había relatado la misma historia una y otra vez–. Usó la Zirconia de forma completa y su cuerpo no resistió tanto. ¡Nuestro enemigo era Arioto! –Aneus sigue sin despertar, Andrea. –El rey de los Electric sostenía su cabeza pensando en una solución para todo esto junto con el resto de los líderes; excepto Jaen–. No hay pruebas de lo que dices. –Si realmente hubiese querido, habría matado al humano. –Sentenció. –Si Alexa hubiese querido, habría dejado que el doppelganger me convirtiera en sal. –Soltó Mary con sarcasmo–. Pero no, Andrea, Anabelle tenía otros planes. Puede que ella te impidiera matarlo. –Odio admitirlo… pero Mary tiene razón. –Intervino John–. Aunque mi piedra ha sido robada también, representas una amenaza para todas las razas. Scarlet y Mike seguían en silencio analizando la situación. Su mente divagaba en otros problemas que también eran de importancia. En ese momento una nueva figura apareció frente a “la mesa redonda” que habían formado para la discusión. –Soy el testigo que hace falta. –Aneus parecía débil y su tono era pálido, una imagen muy diferente a la que solía tener. –Por dios, Aneus. –Exclamó finalmente Scarlet horrorizada–. No deberías estar aquí. Debes descansar. – ¿Y permitir que acusen a quien le debo la vida? –Alzó una ceja–. No, gracias. Andrea lo miró con asombro como si fuese algo insólito el que se hubiese presentado solo para testificar a su favor. Fue ella quien se levantó y cedió la silla al chico. Este se sentó. –Arioto destruyó el escondite donde estaba junto a los humanos inexpertos. Mi lucha contra ese enorme lobo estaba decidida: iba a morir. –Se detuvo debido a un ataque de tos. Tras un momento, continuó–. Pero gracias a esta chica estoy aquí. Arriesgó su vida para salvar la mía y eso es algo que no puedo pasar por alto. –¿Podrías confiar en ella aun sabiendo que su hermana nos ha traicionado? –Inquirió Mary con cautela. –Totalmente. –Aneus podía resultar irritante si lo deseaba y en este momento su rostro solamente demostraba fastidio por explicar lo que era obvio–. Está mal juzgar a una persona por algo que no ha hecho, pelirroja desconocida… –La estrella alzó una ceja–. Porque de ser el caso, el rubio debería ser sospechoso por la muerte de Hide. –Aneus miró a Mike–. Pero eso es algo ilógico, ¿verdad? –Bien. –John suspiró dándose cuenta de que el ambiente comenzaba a tornarse tenso–. Te daremos el beneficio de la duda, Andrea, pero debes saber que te mantendremos vigilada. La Nighter asintió y tomó a Aneus por un brazo para llevarlo de nuevo a su lugar de descanso. Ambos se retiraron. –Bien, un tema concluido. –El rey de los Frinx masajeó sus sienes–. ¿Siguiente? –Necesito saber si alguno sabe algo de mi hija. –El mayor sonaba preocupado. –Es extraño… –Scarlet tomó la palabra–… pero ninguno hizo alardes de tener cautiva a la princesa. –Por Tiamat… –John envolvió su rostro en ambas manos–. Solo espero que no le hayan hecho ningún daño. Durante un instante todo quedó en silencio. Los presentes conocían el siguiente tema a tratar, pero ninguno deseaba abordarlo. –Bien, es hora de hablar de Jaen. –Soltó por fin Mike al ver que nadie tomaba la iniciativa. –Jaen… –Scarlet miró al suelo tras soltar un suspiro–. No puedo creer que estemos juzgando sus motivos de nuevo tal y como hicieron nuestros predecesores, Michael. –Miró al rubio negando con la cabeza. –Esta vez es diferente, Scarlet. –Mike parecía reflexivo. –¿Por qué lo es? ¿Solo por qué tú lo dices? –La mirada de la chica le recriminó. –No. –Respondió sin rodeos–. ¡Simplemente porque si no lo detengo estuviese justo ahora con nuestra enemiga y le habría entregado el Cristal Terrenal! –Su voz se convirtió en un grito saturado de frustración. –Sé que esto tiene una explicación… –Soltó la reina por lo bajo. –Por todos los cielos, Scarlet… –El Frinx sonaba fastidiado–. ¡Abre los ojos! –¡Quien debe abrir los ojos eres tú, Michael Ryder! –La reina de los Clorux se levantó con fuerza, dando un golpe a la mesa con ambas palmas–. Tal parece que no eres tan diferente a Peter. No me quedaré a ver como cuestionan y juzgan a Jaen. Sin atender a las peticiones de regreso, Scarlet se alejó del lugar. Mike soltó un suspiro de fastidio antes de volverse hacia John. –Voto por quitar a Jaen el liderazgo de su r**a –Sentenció el rubio sin dudar. –¿No crees que es una decisión precipitada? –Mary no parecía muy de acuerdo. –No, no lo es. –La firmeza en sus palabras resultaba aterradora–. Estamos hablando del hijo de Anabelle, quien ha demostrado el deseo de reunirse con esta. *** Tres paredes húmedas y llenas de moho rodeaban a Jaen. Seguía sentado recordando una y otra vez el momento en el que estuvo a punto de ir con su madre. ¿Acaso era eso lo que muchos llamaban “la sangre llama”? ¿O fue alguna especie de hipnosis? Nada estaba claro, salvo el único hecho de que nuevamente lo acusaban de ser un traidor. Al parecer aunque hiciera cualquier cosa para salvar a Ashura bastaría con cometer un único y sencillo error para que los ojos de todo aquel mundo se montaran sobre él como si de un traidor se tratase. Cada vez que recordaba el instante en que Michael golpeó su nuca le enfurecía. Cuando despertó ya estaba en este calabozo improvisado sin el fragmento del Zafiro ni tampoco el del Cristal. Con un campo eléctrico impidiendo su salida. Sin armas, sin poderes… ¿Realmente valía la pena ayudar a estas personas? Quizá irse con Anabelle y destruirlos a todos era la mejor idea. Cada segundo que pasaba Jaen iba viendo un nuevo panorama frente a él, uno en el que no necesitaría seguir ayudando a líderes malagradecidos. Solo tenía frente a él a dos guardias, dos sujetos entrenados en el manejo de la Zirconia Eléctrica. Dos sujetos que no dudarían en dejarlo hecho carbón. Se levantó y comenzó a caminar de un lado a otro considerando las diferentes posibilidades que tenía de llevar a cabo satisfactoriamente su nuevo plan. Fue entonces cuando los guardias cuchichearon algo entre sí. Uno de ellos se movió de su posición y no pasó un minuto antes de que un golpe sonara, seguido del sonido de la armadura caer al suelo. El segundo guardia se alarmó y fue enseguida en apoyo a su compañero… pero pasó lo mismo. Jaen se acercó a la entrada viendo como caía el campo eléctrico. Pasos se acercaron rápidamente, lo que generó tensión en el chico. –¡Jaen! –Scarlet abrazó al humano apenas se acercó a él.
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