Pequeña Misión

2055 Words
Pisadas retumbaban en el pasillo al sector del Cuarzo de la Noche dentro del Castillo Nocturno. Anabelle entró en este y el panorama era cada vez más agradable. Seis tótems rodeaban el pedestal central en el que levitaba la piedra de los Nighter. En los de su alrededor solo dos estaban ocupados: el Zafiro Congelado y la Esmeralda del Viento. Era hora de darle uso a otro de los pedestales. La mujer tomó con cuidado la Zirconia Eléctrica y la colocó en uno de los lugares vacíos. Este de inmediato se iluminó y activó, comenzando a flotar la piedra. La sonrisa de Anabelle se hacía cada vez mayor al darse cuenta que realmente solo faltaba una piedra por conseguir. La Perla Celestial era la faltante, ya que Hades y Ariana habían asegurado usar sus influencias para que los Tritones se unieran a ellos. Sin esperar nada tomó un par de fragmentos e incrustó uno en su cetro preparado para soportar la fuerza de las siete. No tardó en sentir el poder de la electricidad recorrer sus venas. Solo estaba a un paso de conseguir uno de sus objetivos. Aun así sabía que no sería sencillo, ya que los Whiter no eran criaturas fáciles de derrotar y jamás aceptarían una negociación por la pureza de su r**a. Solo tenía una opción y esta sería aniquilarles. El Palacio Celestial estaba en algún lugar de Ancient City, sin embargo jamás había sido conseguido por nadie salvo los mismos Whiter. Sus informantes mencionaban que era imposible para un impuro conseguir acceder a dicho lugar, por lo que acercarse allí seguramente resultaría en un s******o. Si ese era el caso no sería lógico intentar acceder por sus medios. Necesitaba alguien que abriese el camino al castillo, alguien que no deseara obtener el control tanto como ella lo deseaba, alguien que quisiese salvar en lugar de destruir… y sabía exactamente a quien usar para ese trabajo. –Anabelle. –La mujer volteó y esbozó una sonrisa a Mei, quien realizó una suave reverencia. La rubia no parecía estar muy contenta–. Alguien ha entrado al palacio. –¿A qué te refieres exactamente? –La castaña mayor mostraba un rostro de satisfacción mirando su cetro con la nueva adquisición. Era muy evidente que estaba feliz y difícilmente algo destruiría su estado de ánimo. –No hay de que alarmarse. Los guardias le han capturado y este no opuso resistencia alguna. –Mei hizo una pausa y fue inevitable para ella pensar en lo extraña que parecía su ama al encontrarse feliz. En definitiva era como ver a una niña con un juguete nuevo en sus manos–. Solo dice que desea verla. Creo que puede interesarle… –No termino de entender… –Anabelle finalmente miró a Mei–. ¿Quién quiere verme exactamente? –Tu hijo, Jaen. Daphne no podía creer lo que escuchaba. ¿Realmente podía ser Jaen el hijo de un ser creado por los dioses? Se suponía que debía ser hibrido… o eso es lo que todos decían. –Si lo que dices es cierto… –Soltaba la chica como si cada palabra fuese la pieza de un enorme rompecabezas–. Jaen no es humano. –No del todo. –Aclaró Malchior–. Podemos decir que Jaen es el resultado de mi inexperiencia en los sentimientos de un mortal. –El Vigilante suspiró negando con la cabeza–. Sin embargo cometí el horrendo crimen de involucrar a Anabelle en todo esto. –Es lo peor que has hecho en toda tu inmortal existencia. –Opinó Damián cruzándose de brazos. –Debido a ella pude notar que los humanos son criaturas temibles. –Concluyó El Vigilante–. Son capaces de manipular las cosas a su conveniencia. –¿Qué pasó exactamente entre tú y Anabelle? –Daphne seguía sin comprender. –Todo comenzó con una sencilla misión… *** –Malchior, necesitamos que cumplas una sencilla misión. –Azaba tenía su mirada puesta en el peliblanco. –Como los dioses deseen. –Los siete se encontraban reunidos juntos en armonía, como era la costumbre, mientras que el peliblanco aguardaba en la pequeña silla junto al Dios Supremo–. ¿De qué se trata? –Como sabrás, aun no existe algún humano digno de poseer el Cristal Terrenal… –Continuó el soberano–. Por lo que necesitamos que te infiltres en su mundo como uno de ellos e intentes ubicar alguno que sea merecedor de dicha piedra y lo traigas aquí, a Ashura, para poder evaluarlo. –La mirada suspicaz del pelinegro se mantenía fija en la enorme mesa donde algunos lugares del mundo humano se mostraban como flashes rápidos. –Entiendo… –Malchior asintió–. ¿Tendré algún tipo de ventaja otorgada por ustedes para la realización de esto? –Yo personalmente me encargaré de hacer un cuerpo humano para ti. –Respondió Tiamat guiñando un ojo–. Es obvio que no te dejaré ir hasta allí luciendo como un idiota. Necesitamos que resaltes entre los humanos por tu belleza y masculinidad. –La emoción de la Diosa ante tal tarea se podía percibir tras cada palabra que esta expresaba–. Serás un dios entre los mortales y las chicas babearán por ti. O los chicos, no conozco aún esa faceta de ti. –Tiamat basta. –Amaterasu no podía dejar de sonreír–. Concéntrate en el asunto serio. –De acuerdo. –Malchior parecía reflexionar el asunto–. ¿Cuánto tiempo tengo para completarla? –El que necesites. Tras un corto período de preparación, Azaba abrió un portal al mundo humano y envió por este a Malchior, a quien le habían dado órdenes de cambiar su nombre a Alois. Tiamat cumplió su palabra y diseñó para él un cuerpo humano a sus gustos, los cuales eran bastante refinados cuando de este asunto se trataba. De complexión media –ya que la diosa había afirmado que los hombres con exceso de musculatura tampoco resultaban agradables a la vista– y alta estatura, cabello castaño un poco largo, al punto de cubrir su frente y llegar más debajo de su nuca en la parte trasera. Piel pálida y algunas pecas que salpicaban su rostro como si se tratara de una galaxia en cada una de sus mejillas, haciendo agradable su piel. Un par de ojos cafés alumbraban el pálido rostro dejando en evidencia lo afilados que se mostraban. Nada en exceso, solo una pequeña inclinación que demostraba una leve ascendencia a un origen a******o en sus rasgos. Malchior… o Alois no tenía queja alguna sobre su nuevo cuerpo. Sin embargo, nunca había estado en el mundo de los humanos. Giró su rostro en todas las direcciones y solo veía humanos y más humanos. Como por si fuera poco todos caminaban de un lado a otro absortos en su propia situación personal. ¿Era posible que una civilización no se diera cuenta de la presencia de un ser con habilidades diferentes a las suyas propias? Ya había oído que los seres humanos eran reconocidos por su facilidad de adaptarse a muchas áreas y, además, sobre su deficiencia en la percepción de habilidades extrañas. Se dejaban llevar por lo que tenían frente a sus ojos y aquellos usualmente les jugaba en absoluta contra. Extraños artefactos de cuatro ruedas llevaban consigo a humanos y movilizaban expulsando un extraño humo oscuro que no olía nada bien. ¿Era eso lo que Azaba le había explicado como “contaminación ambiental”? ¿Por qué usar eso cuando contaban con tantos ser vivos no inteligentes que podían ayudarles a movilizarse? La cantidad de preguntas en menos de un minuto de estadía era enorme. Una avalancha que amenazaba con aplastarle. A decir verdad, Alois estaba confundido. No sabía a donde ir ni por donde comenzar entre tantos humanos. En medio de tal panorama su rostro palideció. ¿Por dónde podía comenzar si nadie ni siquiera se daba cuenta de su presencia como forastero? Dentro de Ashura no tardarían más de dos segundos en hacerle frente e inquirir razones de su presencia allí. –Disculpe… –Una voz femenina le hablaba por la espalda–. ¿Se encuentra bien? Parece algo pálido… Un par de ojos celestes denotaban preocupación. Los cabellos marrones de la chica iban recogidos en una cola. Esta vestía vaqueros desgastados y una camiseta negra. ¿Existía alguien en el mundo humano que se diera cuenta de lo que estaba pasando? Definitivamente era hora de conseguir algo así. –Yo… creo que si… –Respondió Alois mirando fijamente a la chica sujetando su cabeza que comenzaba a doler. –¿Estás perdido? –La joven alzó una ceja. –Así es. –Admitió soltando un suspiro de derrota. –¿A qué lugar te dirigías exactamente? –Inquirió nuevamente la mujer, esta vez con un poco más de suspicacia. –Lo he olvidado por completo. –Admitió Alois pensando en que los dioses ni siquiera le habían explicado en qué lugar le dejarían o una dirección a la cual acudir. La mujer le miró extrañada. No parecía un indigente ni mucho menos alguien que hubiese perdido la cordura. ¿Qué hacía un guapo chico bien vestido y con aparente educación extraviado en aquella ciudad movida? Se trataba de algo que definitivamente no se veía todos los días. –Vale, esto te servirá para costear una noche en algún hotel de la ciudad –Sacó de su cartera un billete y lo colocó en su mano. –Muchas… gracias. –El castaño miró el billete como un niño ve un dulce–. Mi nombre es Alois… –Se presentó el chico con timidez. No estaba seguro de si los humanos solían decir su nombre de esa manera. –Ha sido un placer, Alois. –Respondió con una dulce sonrisa–. Soy Anabelle. Espero haber sido de ayuda. –Y sin decir nada más se retiró. El chico se mantuvo observando a aquella mujer hasta que se perdió en la multitud. No dudó en suponer que su trabajo sería más fácil de lo que pensó, quizá esa podía ser la elegida para obtener el cargo de representante de dicha r**a. ¿Pero estaría bien hecho su trabajo sin antes darse el tiempo a buscar entre más personas? Definitivamente adentrarse entre los humanos e intentar hacer algún tipo de relación social con ellos no sería nada fácil, por lo que lo más indicado para él sería aferrarse a ese fino hilo que tenía. Sin necesidad de darle uso al dinero que Anabelle le había otorgado comenzó a andar. A diferencia de los humanos y otras razas, él no necesitaba dormir a diario para mantenerse activo. Decidió eliminar cualquier presencia que pudiese captar la atención de algún humano para así seguir a esa chica. Caminó durante unos minutos atravesando callejones, cruzando avenidas, evitando vehículos que estuvieron a punto de hacerle daño para finalmente llegar a un pequeño caserío. Había sido un trayecto peculiar y muy diferente a lo que estaba acostumbrado en Ashura. Anabelle entró en una pequeña y sencilla casa de dos plantas. Alois se acercó un poco más y observó a través de una ventana como esta dejaba las bolsas en la cocina y se sentaba en el comedor. Frotó con una de sus manos su abdomen y pareció musitar algo mirando su barriga. Resultaba un comportamiento muy diferente a lo que se observaba en su propio mundo, donde al llegar a casa era muy probable que una sirvienta acomodara las cosas y le sirviera algo de comer a sus amos. Alois observaba sus actos como si leyera una historia. No dejaba de preguntarse si esta mujer realmente podría ser la principal portadora del Cristal Terrenal. Parecía ser humilde, amable y de corazón noble.     –Es de mala educación seguir a las personas y peor aún es espiarlas, Alois. –La voz femenina le hizo sobresaltarse–. ¿No te parece? Rápidamente se retiró de los cristales en los cuales se encontraba, reposando su espalda en la pared que bordeaba dicha ventana. Su respiración se agitó. –Vamos, no creas que no te he visto. –La chica avanzó hasta la puerta de entrada soltando una leve risita y, finalmente la abrió–. Pasa, tomemos algo de té.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD