10.CAFÉS SIN AZÚCAR -¿Sales? -Sí. Necesito que me dé el aire. Vendré para comer. -¿Te acompaño? Puedo dejar a los niños y… -No, Candi. Gracias. Prefiero estar sola. Irene no está bien. Candi la conoce perfectamente, pero delega al tiempo la responsabilidad de resolver el enésimo mar de fondo de esta reciente etapa en la relación. Siente que se están perdiendo en un laberinto de emociones, y quizá es hora de recular. La “maldita” rutina se echa de menos como una bendición. Los convencionalismos empiezan a saber a gloria, y mira a los niños en silencio, ingenuos y ajenos a la historia que están viviendo sus padres. No se arrepiente. No se trata de un autojuicio moral. Va más allá. Es una cuestión de responsabilidad. Estos chavales necesitan unos padres unidos y una atención que quizá no

