CAPÍTULO DIECINUEVE Al día siguiente Emily trataba de mantener su mente ocupada con la posada en lugar de dejarla volver a la discusión con Daniel. Pero le resultaba difícil concentrarse en nada. Estaba tan preocupada con sus propios pensamientos que ni siquiera oyó el teléfono sonar hasta que Lois corrió a la recepción para cogerlo. —Es para ti—dijo Lois, entregándole el receptor—. La maestra de Chantelle. Emily sintió una inmediata sacudida de preocupación. —¿Señorita Glass?—dijo en el receptor, sonando más que un poco sorprendida—. ¿Está todo bien? —Bueno, por eso llamo—dijo la Sra. Glass—. Quería hablar con usted sobre un incidente con Chantelle. —¿Qué?—jadeó Emily—. ¿Qué ha pasado? ¿Está bien? Mil pensamientos corrieron por su mente. ¿La niña estaba herida? ¿Intimidada? ¿Perdi

