CAPÍTULO NUEVE A pesar de la mala señal en la posada, Emily mantuvo su teléfono en su bolsillo cada minuto de cada día, esperando y deseando que llegara un correo electrónico de su padre. Pero no llegó nada. Incluso cuando la familia se metió en el camión y se dirigió a la presentación navideña de Chantelle una noche negra y fría, Emily siguió revisando su celular. —Estás pegada a esa cosa—bromeó Daniel, sin darse cuenta. Emily no había querido decírselo, preocupada de que él asumiera su mentalidad lógica y práctica y le dijera que la dirección de correo electrónico que había encontrado no podía pertenecer a su padre, que solo estaba soñando. Mientras solo ella supiera sobre el correo electrónico, la única persona que podría decepcionarla era su propio padre. —Lo siento—murmuró Emily,

