CAPÍTULO DIEZ A la mañana siguiente se despertaron en un mundo blanco. La nieve no dejó de caer durante la noche, por lo que ahora había una gruesa capa de ella afuera, hermosa y brillante. Emily amaba la nieve, no solo porque era divertida y bonita, sino por la forma en que reunía a la gente y les hacía sonreír. Emily se duchó rápidamente y se vistió con su ropa más abrigada. Revisó a Chantelle y descubrió que ya estaba despierta. —¿Ya viste por tu ventana?—preguntó Emily, sonriendo. Chantelle agitó la cabeza. Fue a la cortina, la corrió, y soltó una exclamación. —¡Oh! Emily sonrió para sí misma, encantada de ver la reacción de Chantelle. Ayudó a Chantelle a vestirse y luego bajaron a desayunar. Cuando Emily entró en la cocina, el teléfono sonó. Era la recepcionista de la escuela de

