Lilian

1302 Words
—¡Todo esto es tu culpa, Carlos! —asegura Silvia. —Eres mi esposa, no mi consejera, si quiero tus sermones te lo hago saber en lo adelante, deja de faltarle el respeto al rey o no respondo. El rey Carlos VI, de Suecia conversa con su esposa, discuten porque han pasado muchos años desde que su hija Lilian fue raptada, pero la reina no lo ha superado, le culpa de que algún enemigo de la corona les hizo daño por causa del mal genio del rey, no goza de ser el hombre más agradable sobre la tierra, ha hecho pocas alianzas y muy pocos amigos, por el contrario, tiene muchos enemigos, pues en sus territorios no permite que extranjeros comercien sin pagarle altos impuestos, y conforme crece su fortuna, crece el dolor en el corazón de Silvia, una madre a quien le arrebataron lo más preciado. Ella sospecha que fueron enemigos del reino y no es para menos, muchas guerras se llevan del campo a la vida privada en busca de herir por donde más duela al adversario. El rey de Inglaterra es un hombre despiadado, pero no tienen pruebas en su contra. Lo cierto es que solo tienen una corazonada y no se equivocan, Lilian nació como la siguiente al trono por el rey de Suecia y en sus costumbres las mujeres si pueden gobernar cuando es la primogénita, noticia que no agradó a los demás reinados, sin mencionar que la actual esposa del Rey Carlos de Suecia, la reina Silvia, rechazó en múltiples ocasiones las propuestas de matrimonio del actual rey Alexander III de Inglaterra, cuando ambos eran jóvenes y aun no se habían casado. Para la reina de Suecia, ver su hija nacer y convertirse en discapacitada solo se trataba de un acto de maldad y así lo confirmaron los hechiceros que consultaron, la niña no era ciega de nacimiento, fue una enfermedad enviada. Intentaron curarla durante meses y no lo lograron. Un día, cuando la niña apenas comenzaba a caminar, desapareció del palacio, y nadie supo a donde fue. Silvia sabe, su corazón le dice que detrás de todo esto está aquel hombre al que rechazó, pero su esposo no quiere empezar una guerra basado en corazonadas, Inglaterra es fuerte y tiene grandes aliados. —Si tan solo pudiera verla otra vez —Silvia desea en voz alta. —Quizás lo logremos —Gustavo interrumpe sus pensamientos. Desde niño Gustavo ha hablado con los espíritus, con su guía se han ganado grandes batallas, pero hay una cosa que no ha logrado adivinar o predecir, y es dónde está Lilian. La idea de fracaso le martiriza cada día, así que se propone llevar a los reyes de Suecia una solución y absorber su conciencia, así como su reputación, de no tener las habilidades de encontrar a la niña perdida. —¿Qué me dices? Ya basta de tus estafas —responde molesta. —Le aseguro que no le engaño, su padre me instruyó a cuidarle desde que yo era un niño, no haría nada para engañarle. Juré por su nombre, Silvia, que serviría siempre a sus órdenes. —Excepto que no encontraste a mi hija — se irrita. —Suecia está cambiando, mi señora, ya las mujeres pueden ser reinas, puede gobernar y su hija sería la segunda en hacerlo ¿No es eso suficiente para desconfiar de los enemigos del rey? —Puede ser, pero estoy de manos atadas, el rey no me oirá. —He venido con una solución para ello. Déjeme ir a la boda que hará el duque de Birmingham. —Nos han invitado, pero ¿Para qué quieres ir? Reyes y príncipes de todos lados asistirán, nadie llevará a una mujer ciega a ese evento y sabemos que mi niña si está viva, no puede ver, no puede defenderse de sus captores. —Mientras están disfrutando de la fiesta con el enemigo, yo estaré hablando con mis espíritus, no creo que me fallen esta vez. —Mi hija debe tener unos veinticinco años, no nos reconocerá, era muy pequeña cuando se fue, ni siquiera hablaba y como nunca vio mi rostro, no me reconocerá, ni yo a ella, lo que me dices no tiene sentido. —Una madre sabrá cuando su corazón salte al ver a su hija. —¿Dices que mi corazón saltará al ver a mi Lilian? No quiero hacerme ilusiones, no he dormido en paz desde aquel día que la perdí de vista. Te voy a rogar que me dejes sola, no quiero desilusionarme otra vez con una de tus ideas, ninguna ha funcionado en los años anteriores. —Esta vez tendrá una respuesta definitiva, he perfeccionado todos mis conjuros, sé que podré encontrarla, si me da un poco de tiempo más. —Estas vivo por el aprecio de mi padre, le has fallado a mi casa y a este reino una y otra vez. —Quiero corregir esto para que todos podamos continuar con nuestras vidas, me ha afectado más no encontrar a su hija de lo que se imagina. Nadie confía en mí, siempre sale a relucir que, si no fui capaz de encontrar a Lilian, menos podré ayudar a otros. He sido un fracaso durante demasiado tiempo, yo también he sido afectado y tengo sed de venganza. —Haré lo posible por convencer al rey, pero no te hagas ilusiones, no creo que puedas hacer nada. —Estoy seguro de que cuando le hable al oído accederá a que vaya, lo he visto en mis sueños, sólo dígale que iré para protegerlos, déjeme ganar su confianza, no me crea, espere los resultados. Mientras el rey duerme profundamente, Silvia da vueltas a la esperanza plantada por aquel hechicero que nunca ha podido acertar, pero es lo único a lo que se puede aferrar, porque no sabe qué hacer y aun espera regresar al abrazo de su hija. Deja de pensar y empieza a actuar, puesta en pie se desnuda y regresa a la cama, una enorme sábana de ceda roja les oculta de la vista, por la ventana se introducen rayos de luz que la luna les regala. —Mujer ¿Qué quieres conmigo? —pregunta el rey sorprendido. —¿Es que una mujer no puede llegarse a su marido? —Es más fácil si me dices lo que quieres primero, no sea que en el acto lo descubra y me enoje. —Quiero que nos acompañe Gustavo a la boda en Inglaterra. —¡De ninguna manera! Ese estafador no estará compartiendo espacio conmigo. —Por favor —coloca una de las manos del rey en su pecho. —¿Qué te ha dicho? ¿Qué encontrará allí a nuestra hija? —¿Qué te cuesta complacer a tu mujer que vive con el alma en pena desde hace años? Lo único que me mantiene con vida es la esperanza, no me quites eso, por favor. El rey introduce su otra mano entre su cabello y le besa apasionadamente. —Como deseas se hará —él responde y es todo lo que Silvia necesita para llenar su alcoba de placer inagotable. Al día siguiente se realizan los preparativos para salir de viaje, se alistan hombres a caballo de la guardia del rey, quienes garantizarán su seguridad. Gustavo puede acompañarlos, pero el rey decidió que tendrá que ir a pie, si es tan sabio como dice ser y si sus dioses le escuchan, le librarán de la muerte, el camino es bastante largo, pero el hechicero tiene mucho que probar pasados tantos años de hacer todo lo que él dice y no obtener resultados. —Las bodas no son lo nuestro y menos de un sobrino del rey, pero me interesa que veamos las tierras que pronto conquistaremos —el rey revela a su ejército.
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