Estoy sin palabras. ¿Cuánto se supone que duré en el baño? ¿Ocho, diez minutos? A quince no llego. Trago en seco. Las sabanas fueron cambiadas por un juego limpio, mientras que las sucias han sido arrimadas a una esquina junto al escritorio. Eli se encuentra sentada en mi lado de la cama, en mi mesa de noche está la paleta de cuero con peluche que compramos hace un par de semanas, y junto a ella los plugs y lubricante reposan como si nada. Mis mejillas comienzan a arder en llamas, en realidad toda mi cara lo hace. Eliza, sentada de piernas cruzadas me indica con su índice que me acerque. Pensándome cada paso más que el anterior al fin estoy a solo un metro suyo. -Bebé, fuiste un chico malo está noche. Sabes lo que obtienen los chicos malos. ¿Le puedes mostrar a mami que sí sabes? Un

