Gia Vallenari El tintineo de la plata contra la porcelana me resultaba insoportable, como pequeñas puñaladas en los nervios. Cada vez que Valeriano carraspeaba o Constanza emitía un juicio silencioso con la mirada, sentía que el aire en el comedor se volvía más denso, más rancio. Me habían criado para ser un bloque de hielo, para procesar la realidad a través de algoritmos de conveniencia y frialdad, pero tenerlos allí, invadiendo el santuario que yo misma había reclamado, estaba erosionando mi paciencia. —Si me disculpan —dije, cortando una frase de mi abuela sobre la importancia de la etiqueta en los eventos sociales—. Tengo una agenda apretada y los documentos del trimestre no se revisarán solos. Espero que tengan un día productivo en mi ausencia. No esperé una respuesta. No les d

