Siente que Greg la mira mientras duerme. El aroma no miente. Él está ahí, atento a ella. Marianne se incorpora y se lanza hacia él, robándole un urgido beso de sus sensuales labios. Nota en él, una atmósfera de cansancio extremo, físicamente se ve demacrado, por debajo de sus ojos negros, una sombra marca sus ojeras mucho más profundas, quería preguntarle, qué le pasaba, pero no se atreve. ―Vamos, es la hora ―le dice él, leyendo a la perfección su mente. Esta vez Greg viste de manera particular. Sus ropas son tan simples como un pantalón n***o y camisa negra de un material delgado y a simple vista ligero, pero que le sienta demasiado bien. Greg no es delgado ni grueso, es perfecto según Marianne, ella lo observa por detrás, mientras se esfuerza por ir a su paso. Esta vez es él qui

