06 | CÁSATE CONMIGO

1234 Words
Brooklyn Drip. Drip. Drip. En cuanto recupero mi consciencia, es lo primero que percibo, gotas de agua cayendo de un punto a otro, en un ritmo torturador. Siento el cuerpo cansado y sentado en una posición incómoda en una especie de silla fría. Lo segundo que percibo es un asqueroso olor a humedad que me hace formar una mueca. Hago el esfuerzo en abrir mis ojos en pestañeos lentos, y me sorprende que el lugar esté casi a oscuras, aún así el terror me invade al observar todo a detalle. Mi corazón se acelera y de repente siento como si me hubieran dado una descarga de adrenalina que me arranca el sueño del cuerpo. El cuarto es viejo, las paredes llenas de moho parecen caerse a pedazos, y una gotera en un tubo que se ve porque esa parte del techo fué devorada por una mancha de humedad enorme. Este sitio es como la peor de mis pesadillas y de repente quiero dejar de respirar e impedir que este aire contaminado entre en mis pulmones. Apenas estoy entrando en pánico cuando un ruido me hace sobresaltar y llevar mi mirada a la enorme puerta de metal del otro extremo en el que estoy. Como si pudiera salir corriendo a ocultarme en algún sitio, me intento levantar, pero una mueca de dolor se apodera de mi rostro por el dolor en mis hombros, al sentir mis manos inmovilizadas detrás de mi espalda. ¿Cuánto tiempo llevo así? Cuando la luz del exterior entra de lleno en el cuartucho, debo entrecerrar mis ojos que estuvieron cerrados por Dios vaya a saber cuánto tiempo, antes de que se adapten y me dejen ver bien al hombre que acaba de entrar a la habitación. Mi corazón dan un brinco y siento todo el aire abandonar mis pulmones en el instante en que lo reconozco. Es él. El asesino. Ahora está frente a mí, de pie, imponente, intimidante, y yo esposada a una silla, a su merced. Su aroma masculino y amaderado llega a mis fosas nasales por encima del olor a humedad y muerte. Mi muerte. ¿Y si me trajo aquí solo para matarme? No lo creo, ¿qué sentido tiene? Tuvieron cientos de oportunidades desde que me sedaron, si me quisieran muerta ya lo estaría. O quizás quiere torturarme como en las películas... ay Dios no. Mi mirada detalla el rostro del asesino, antes protegido por las sombras y la oscuridad de aquél callejón, ahora descubierto ante mí. Su cabello n***o sigue perfectamente arreglado, y esta vez su cuerpo se encuentra enfundado en unos simples pantalones de vestir y una camisa blanca arremangada hasta sus codos, a sus largas piernas solo le toman tres pasos ubicar su cuerpo en el centro de la habitación. Núnca creí que un asesino pudiera lucir y verse tan... bien. Demasiado bien. Su rostro parece tallado, con una belleza hipnótica, facciones maduras y piel impoluta. Ensombrecida por su mirada azulada, como un océano oscuro, turbulento, de aquellos que esconden miles de secretos perturbadores en sus profundidades. Estrecha sus ojos en mi dirección y paso saliva, sintiendo mi garganta repentinamente seca. Su boca se abre y llevo mis ojos en esa dirección, una voz profunda y marcada por un evidente acento italiano que me hace estremecer, —Te acuerdas de mí. No es pregunta, está afirmandolo. Y si lo hace es porque lo sabe, sabe que yo estaba en ese callejón esa noche. Y ahora va a matarme como a una cucaracha metiche. Dios, no lo permitas, soy demasiado joven, demasiado linda y demasiado tonta como para no merecer una segunda oportunidad. Me quedo en silencio un momento, temiendo que mi voz salga aguda por el terror, tomando fuerza. Pero es difícil bajo su atenta mirada que me pone nerviosa. —¿D–dónde...? —cierro la boca cuando tartamudeo, no puedo permitir que sepa que estoy asustada, aunque de seguro me veo como un gato mojado bajo la lluvia— ¿Dónde estoy? Se toma unos segundos para responder, unos eternos segundos con su intensa mirada sobre mí y hago el esfuerzo en no apartar la mía primero, —En mi mansión a las afueras de Sicilia. Mis ojos azules casi se salen de su lugar al abrirlos tan grandes por la sorpresa. ¿Cuánto tiempo llevo aquí realmente entonces? ¿Cara estará preocupada de no haberme visto por lo que pueden ser horas? ¿le habrá dicho a Michael? ¿la policía debe estar buscandome ya? —¿Porqué me has traído aquí? ¿quién eres? Seguro que no debería estar preguntando más información que pueda utilizar para denunciarlo si salgo viva pero, como dije, si me quisieran muerta, ya lo estaría. O quizás solo esperaban a que hiciera algúna pregunta idiota como esa. —Eso no importa, y lo otro creo que lo sabes bien —responde con normalidad mientras saca una cajetilla de cigarros del bolsillo de su pantalón. —No sé de qué estás hablando —miento descaradamente, dirigiendo mi mirada al suelo pero está repleto de manchas y me horroriza, así que decido volver a mirarlo a él. Si muero, no quiero que esa habitación asquerosa sea lo último que vean mis ojos. Enciende su cigarro antes de guardar el encendedor en su bolsillo, —De nada sirve mentir, ambos sabemos por qué estás aquí. Estaba actuando con tanta tranquilidad que me desesperaba. —Entonces, ¿qué quieres? ¿vas a... asesinarme? —pregunto con miedo. —Aún no lo decido —le da una calada al cigarro y siento el miedo formando un nudo en mi garganta de solo pensar la cantidad de cosas que podría hacerme, peores que la muerte—. Si fueras cualquier otro, ya estarías muerta. Pero hoy me encuentro de buen humor. Maldito idiota. Frunzo mis labios para contener el jadeo doloroso en el momento en que tiro mis manos inconscientemente y me duelen como una mierda. Quiero saltar sobre él y golpearlo, en mi mente me lo imagino así, pero en la vida real no daría dos pasos y ya tendría una bala en la frente y el suelo más manchas. —Aún no me dices qué mierda quieres —sé que es insensato, pero la impotencia y el enojo comenzando a florecer en mi interior me vuelven una impulsiva suicida. Claro que no quiero saber qué mierda quiere, estoy aterrada solo de preguntarlo. A él parece divertirle mi reacción, porque sus labios tiran en una sonrísa ladina que no toca sus ojos, mientras le da otra calada al cigarro antes de expulsar el humo. —Quiero proponerte algo —tres palabras que me toman por sorpresa—. No te asesiné porque me conviene mantenerte viva —agrega y el desconcierto se apodera de mí y mis facciones. No le preguntes. —¿Qué clase de propuesta? Maldita. Idiota. —Una que podría darte tu libertad. Nada está asegurado con ese podría. Mi culo no está seguro. ¿Propuesta? ¡Ja! Como si tuviera otra opción. La tranquilidad con la que se toma su tiempo, observandome con arrogancia sabiendo que es él quien tiene todo el poder, actuando tan... seguro y en control en la situación, me desquicia, y quiero asesinarlo. Mis uñas se clavan en las palmas de mis manos y siento la irritación picando bajo mi piel. Finalmente habla, firme, serio, —Cásate conmigo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD