03 | HUIR

1274 Words
Brooklyn Observé mi reflejo, como el vestido n***o definía mi cintura, ajustandose a mis curvas como una segunda piel, y apretaba mi pecho con su escote recto con tiras gruesas. Y por supuesto los últimos tacones de diseñador con cristales en la tobillera. Alizé mi cabello rubio y largo, lo llevé hacia atrás y adorné mis orejas con pendientes de cristales que parecían gotas. El maquillaje era simple, solo máscara de pestañas, gloss y un suave rubor, porque siempre menos es más. Cara avisó que Michael ya estaba en el hotel así que tomamos nuestros bolsos y bajamos. Cuando llegamos a la recepción divisé a su prometido a lo lejos. Llevaba su cabello peinado hacia atrás, el rostro libre de barba y estaba enfundado en unos pantalones negros de vestir y una camisa blanca arremangada hasta los codos. Cara tomó su rostro, plantando un beso en sus labios para luego limpiar la marca de labial en ellos, —Hola, mi amor. Te extrañé. ¿Por qué tardaste tanto? —Una reunión importante del trabajo —contestó él, dejandole un casto beso en la frente antes de dirigir su vista hacia mí—. Brooklyn —saludó y antes de que se le ocurriera besar mi mejilla y arruinar mi maquillaje, le tendí la mano, la cual tomó al instante. —Michael. —Un placer verte de nuevo —sonrió, soltando mi mano y yendo a tomar a Cara por la cintura—. Espero que hayan pasado una tarde agradable. —De hecho sí, fué muy agradable. Agradable era decir poco, luego de horas de masajes, manicura, pedicura y tantas cosas más que no sabía que un hotel podía tener. —El chofer está esperandolas, él las llevará y traerá, ¿sí, amor? —. Cara asintió y él volvió a besarla, susurrandole algo al oído a lo que ella asintió—. Diviértanse. Luego de despedirnos de Michael nos marchamos directo a uno de los clubs nocturnos más concurridos del centro de Sicilia. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ La noche transcurrió entre tragos y bailes, teníamos pases vip lo que nos permitía tomar cuánto quisieramos, eso sumado a la excusa de que sería la última vez que podríamos divertirnos a lo grande, nos tuvo ebrias en unas pocas horas. Podía sentir el calor subiendo por mi cuerpo, demasiado de hecho, casi sofocandome entre las demás personas bailando en la pista. —Cara —la llamé sobre la música, ella se volvió hacia mí, sus ojos marrones brillando—, necesito ir al baño. —¿Quieres que vaya contigo? —negué, ella me detuvo —. Pero no sabes dónde está. —Lo encontraré —grité en respuesta sobre la música, tomando mi bolso y tratando de no tropezar mientras descendía los escalones del área vip, yendo en busca del baño. Estaba segura de que Cara estaría bien allí ya que había bastante seguridad, sumado al guardaespaldas de Michael que nos cuidaba de lejos. Michael Ricci era un empresario italiano multimillonario, era entendible que tuviera bastante seguridad, como el chofer que nos recibió en el aeropuerto y nos llevó hacia el club. Me metí entre la multitud bailando pegados unos a otros con una mueca por sentir sus cuerpos sudados contra el mío. Necesitaba un baño urgente, refrescarme antes de llegar a un nivel de ebriedad en el que todas las malas ideas comenzaran a parecerme buenas. Como el haber escogido esos tacones que me hacían tambalear. ¿Por qué ese lugar era tan grande? ¿Y dónde rayos estaba el maldito baño? Me metí en un pasillo oscuro, luego en otro, hasta que pasé al lado de dos chicas que creí que venían del baño pero cuando crucé una puerta al final del corredor solo descubrí que era la salida. —Joder —murmuré entre dientes, sintiendo mi vejiga a punto de explotar. Me giré para abrir la puerta, pero para mi mala suerte estaba cerrada y aunque forcejée, con el terror invadiendo mis venas, no se abrió. No, no, no, no. ¡Maldición! Comencé a caminar buscando la dirección que me llevara a la entrada, cuando un ruido llamó mi atención. ¿Vieron ese momento en el que debes tomar una decisión, y cuando lo haces te arrepientes instantáneamente? Exactamente eso me ocurrió, y ojalá pudiera haber vuelto el tiempo atrás y gritarme ¡Mueve tu trasero en la dirección contraria, Brooklyn! Pero no lo hice. No sé qué creí, no sé por qué seguí mi curiosidad, simplemente me encaminé por donde creí que venía el sonido, y llegué. Retrocedí al instante, escondiendome detrás de una pared en la esquina, aún nadie me había visto. La escena frente a mí me tomó desprevenida y abrí mis ojos con sorpresa y algo de horror. Un tipo estaba sobre otro, golpeandolo, un puñetazo tras otro, aún cuando el otro sujeto ni siquiera se defendía, aunque claro, prácticamente estaba al borde de la inconsciencia. Vete, Brooklyn, lárgate. Me dije a mi misma. Habían tres hombres más, de pie en puntos estratégicos pero aún así me permitían ver la escena con claridad, y verlo a él. Era alto y llevaba un traje completamente n***o, zapatos visiblemente costosos, su chaqueta sobre sus fuertes hombros. Su cabello azabache estaba perfectamente peinado, y el cigarro entre sus labios desprendía humo que se desvanecía en el aire. Había algo en él que había llamado mi atención, o a cualquiera en realidad, algo en el aura oscura, elegante y poderosa que lo envolvía que no me dejaba apartar la mirada de él. El tipo que estaba golpeando al otro se levantó y lo tomó del cabello de la nuca, obligandolo a arrodillarse, había tanta sangre bañando su rostro y su ropa que era casi irreconocible. Santo dios. Mis ojos se agrandaron con horror y el color abandonó mi rostro cuando distinguí como el tipo de traje sacaba un arma de la cintura de su pantalón y se agachaba a la altura del otro sujeto, diciendole algo que no pude escuchar. De cualquier manera debía ser algo en italiani y en mi estado apenas comprendía el inglés. Y entonces se levantó, le apuntó a la cabeza, y todo fué lento cuando le quitó el seguro al arma antes de dispararle sin vacilación. Ahogué un jadeo de espanto cubriendo mi boca con mi palma, rezando porque no me hubieran escuchado. No podía creer lo que estaba viendo, y tuve que poner todo de mí para no mirar hacia donde yacía el cuerpo de aquél hombre. Mi estómago se revolvió y me sentí enferma, mis ojos se humedecieron y entonces pasó, vomité. Me sentía mal, el miedo heló mi sangre y me hizo sentir cómo temblaba. Entonces escuché pasos detrás de mí y aunque por un momento me quedé helada, algo en mí se prendió y me impulsó a reaccionar para salir corriendo por mi vida. Solo corrí en la dirección contraria y gracias a Dios bendito, me llevó hacia la entrada. Habían algúnas personas en la entrada, fumando o esperando a que pasaran a recogerlos. Y no supe si algún santo o qué se apiadó de mí cuando ví a Cara a lo lejos, sosteniendo su móvil contra su oreja. Tuve la intención de llamarla, pero un nudo en mi garganta me impedía emitir sonido, solo quería llegar hasta ella y sentirme segura. Pero entonces sentí mis piernas débiles, obligandome a detenerme, apoyando una mano en la pared, mientras trataba de calmar mi agitada respiración. —Brooklyn, ¡Brooke! —supe qué era Cara quien estaba gritando, pero su voz se oía lejana y su rostro se volvió borroso, antes de que todo se volviera n***o.
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